Durante el acto por el 55.º aniversario del Frente Amplio en Juan Lacaze, el presidente de la coalición de izquierda, Fernando Pereira, dedicó un tramo central de su discurso a responder cuestionamientos surgidos dentro de la propia fuerza política sobre la orientación del gobierno encabezado por Yamandú Orsi. En ese marco, rechazó con énfasis la caracterización del Ejecutivo como “tibio” y defendió algunas de las principales decisiones adoptadas en su primer año de gestión.
Pereira sostuvo que la acusación de falta de firmeza no se corresponde con los hechos. Como argumento central, destacó la decisión de gravar con 600 millones de dólares adicionales a los sectores de mayores ingresos, una medida que, a su juicio, desmiente cualquier lectura de moderación excesiva. “No hay ningún gobierno tibio en el mundo que le coloque 600 millones de dólares de impuesto a los más ricos del Uruguay”, afirmó ante la militancia.
El dirigente enumeró además otras iniciativas que, según planteó, definen el perfil político del actual gobierno: el impulso a la ley de eutanasia, la asignación prioritaria del espacio fiscal para enfrentar la pobreza infantil y los avances en el acceso a medicamentos. En su intervención, Pereira presentó estas políticas como señales de una agenda orientada a derechos sociales y redistribución, en contraste con las críticas que circulan en algunos sectores frenteamplistas.
Sin embargo, el presidente del Frente Amplio no eludió la existencia de disensos internos. Reconoció que hay militantes y dirigentes que reclaman transformaciones “más de fondo” y admitió que parte de la base aún no termina de comprender el rumbo del gobierno. Lejos de confrontar con esas voces, llamó a asumirlas como un insumo político. “Lejos de enojarnos, tenemos que salir a escucharlos”, sostuvo, en una apelación a procesar las diferencias dentro de los marcos históricos de la coalición.
El discurso incluyó también un pasaje de fuerte tono crítico hacia los partidos tradicionales, a los que describió como un grupo reducido de dirigentes que, según su visión, recurren al agravio y la descalificación, afectando la convivencia democrática. En ese contexto, estableció una comparación directa con la administración del expresidente Luis Lacalle Pou, a la que calificó como una “media década perdida” para los trabajadores. Pereira afirmó que el aumento salarial registrado en el primer año del actual gobierno —superior al 2 %— superó el acumulado de los cinco años del período anterior.
En el tramo final, bajo la consigna “Antiimperialismo y solidaridad. Ayer y hoy”, Pereira amplió el foco hacia la política internacional. Cuestionó la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela, expresó su solidaridad con el pueblo cubano y se refirió a la situación en Gaza en términos de “genocidio”, incorporando así una dimensión internacional coherente con la tradición histórica del Frente Amplio.
El mensaje dejó como saldo una doble señal: hacia adentro, la defensa cerrada del rumbo gubernamental combinada con un llamado a escuchar las críticas; hacia afuera, una reafirmación del perfil ideológico y confrontativo de la fuerza política, tanto en el plano nacional como en el internacional.



























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