Por detrás de precios llamativamente bajos y envases que prometen “queso rallado”, se esconde un fenómeno que preocupa a autoridades, industriales y técnicos del sector lácteo uruguayo: la venta masiva de productos que se presentan como queso, pero que no cumplen con los mínimos exigidos por la normativa. El tema fue el eje central de una reunión celebrada este lunes 7 de julio en la sede del Congreso de Intendentes, donde participaron actores públicos y privados de toda la cadena alimentaria.
La proliferación de productos adulterados, especialmente en zonas de frontera como Rivera, encendió alarmas en la Cámara de la Industria Láctea del Uruguay (Cilu), que llegó a identificar al menos 15 marcas sospechosas, muchas de ellas imposibles de rastrear. Los análisis realizados revelaron ingredientes no autorizados y composiciones que se alejan completamente de lo que la normativa entiende por “queso”.
Una cadena paralela y sin trazabilidad
Lo que está en juego no es solo la pureza de un alimento tradicional. Detrás de este fenómeno se evidencia la existencia de una red de comercialización informal, con productos que ingresan sin registro válido al mercado, sin controles sanitarios efectivos, y que generan una competencia desleal para la industria formal, a la vez que ponen en riesgo la salud de los consumidores.
La reunión convocada por la Comisión de Seguimiento del Runaev (Registro Único Nacional de Alimentos, Empresas y Vehículos) incluyó representantes del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), Instituto Nacional de la Leche (Inale), el Latu, el Ministerio de Industria, Energía y Minería (Miem) y las cámaras industriales del rubro alimentario. El diagnóstico fue común: hay una grave disfunción institucional para identificar y frenar estas prácticas.
El problema no es nuevo, pero ahora se acelera
Desde hace años el sector lácteo denuncia la presencia de productos ilegales en las góndolas. Pero lo que ha cambiado es la escala. Hoy, con precios que a menudo están por debajo de los costos de producción del queso legítimo, los productos adulterados se multiplican, ganan terreno en almacenes y ferias, y se aprovechan de zonas con menor fiscalización.
El caso de Rivera, señalado por Cilu como punto crítico, muestra cómo las brechas de control en las zonas de frontera facilitan la circulación de productos de origen incierto. La falta de trazabilidad y la debilidad en las herramientas informáticas de control agravan el panorama.
Lo que se resolvió
El encuentro dejó un conjunto de acuerdos que, de cumplirse, marcarían un cambio de enfoque. Entre ellos, destaca la coordinación entre Runaev, las intendencias, MGAP e Inale para detectar, analizar y decomisar productos no habilitados. Además, el Latu realizará pruebas de laboratorio oficiales a partir de muestras tomadas en el mercado.
Otro punto central fue el compromiso para avanzar en la interoperabilidad de sistemas de control entre distintos organismos —Runaev, Inavi, Inac, MGAP, MSP, Latu— para consolidar un único registro de alimentos y empresas. Esta integración permitiría superar la actual fragmentación, que muchas veces impide saber con precisión qué se produce, dónde se distribuye y quién lo vende.
Sin embargo, también se explicitó un obstáculo estructural: la falta de recursos técnicos y humanos en varias instituciones, lo que impide cumplir con tareas básicas de fiscalización.
¿Qué tan profundo es el problema?
Más allá de los aspectos regulatorios, el fenómeno revela una tensión entre la economía informal y la capacidad estatal para ejercer soberanía alimentaria. En un contexto donde el precio es un factor crítico para el consumidor, los productos adulterados ganan espacio. La industria formal, en tanto, se ve presionada por la competencia desleal y reclama igualdad de condiciones.
El desafío no se agota en retirar productos del mercado. Se trata de reconstruir confianza en el sistema alimentario, asegurar que lo que se vende como queso lo sea, y que el consumidor no sea el eslabón más débil en una cadena donde la informalidad y la omisión institucional todavía tienen margen de maniobra.



























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