Brasil elegirá este domingo 25 de octubre entre Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro. Aunque la decisión pertenece a los brasileños, sus consecuencias económicas pueden alcanzar al departamento de Colonia, donde la producción agropecuaria, la industria y el turismo mantienen vínculos con el principal mercado de la región.
Los números explican esa dependencia. Según Uruguay XXI, Colonia registró exportaciones por US$ 2.021 millones durante 2025. Brasil recibió productos por US$ 204 millones, aproximadamente el 10% del total departamental.
La lechería concentra una de las mayores incertidumbres. Lula propone fortalecer el financiamiento agropecuario, la agricultura familiar, la productividad y la integración regional mediante el Mercosur. Bolsonaro plantea ampliar el seguro rural, facilitar el crédito, reducir obstáculos regulatorios y fortalecer la competitividad de los productores brasileños.
Ambos programas procuran aumentar la producción nacional. Para los tambos y las industrias vinculadas a Colonia, esto plantea una cuestión concreta: cuánto espacio conservarán los lácteos uruguayos en el mercado brasileño.
El antecedente inmediato resulta significativo. En junio de 2026, Brasil aprobó derechos antidumping sobre leche en polvo uruguaya y argentina, aunque suspendió su aplicación por razones de interés público. La continuidad de esa suspensión será una decisión comercial relevante para cualquiera de los futuros gobiernos.
La carne presenta otro desafío. Lula propone mejoras genéticas, recuperación de pasturas, trazabilidad y apertura de mercados. Bolsonaro prioriza financiamiento, infraestructura, seguridad jurídica y competitividad. Para los frigoríficos y productores uruguayos, el efecto dependerá de las condiciones de competencia internacional y de los acuerdos comerciales que consiga el Mercosur.
En turismo, ambos candidatos plantean desarrollar destinos brasileños. Lula enfatiza los circuitos culturales, gastronómicos y naturales; Bolsonaro destaca infraestructura, conectividad y seguridad.
Sin embargo, ninguno ofrece garantías de un mayor flujo de visitantes hacia Uruguay. Para Carmelo y Colonia del Sacramento, el valor del real, la capacidad de consumo y las conexiones de transporte probablemente resulten más determinantes que las políticas turísticas internas brasileñas.
La diferencia internacional aparece en el lugar asignado al Mercosur. Lula propone profundizar la integración regional, mientras Bolsonaro enfatiza la apertura de mercados, la atracción de inversiones y el acercamiento a Estados Unidos.
Pero la integración política tampoco garantiza ausencia de medidas proteccionistas, como demuestra el conflicto lácteo.
Desde Colonia, la elección brasileña deja una pregunta económica que supera las diferencias ideológicas: ¿cómo mantener y ampliar mercados en un país cuyos principales candidatos, con instrumentos distintos, prometen fortalecer su propia producción?
La respuesta dependerá menos de las declaraciones electorales que de las decisiones comerciales del próximo gobierno y de la capacidad negociadora uruguaya.


























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