Juan Lacaze dejó atrás el modelo económico sostenido por grandes establecimientos industriales, pero la estructura que emerge todavía no reproduce su capacidad de concentrar empleo. Puerto, pequeñas industrias, pesca y actividades vinculadas a la logística forman ahora un entramado más diversificado, aunque también más fragmentado.
El cambio comenzó a acelerarse con el cierre de Fanapel en 2017. La respuesta oficial ya apuntaba entonces hacia otro modelo: fortalecer el parque industrial, convertir el puerto en enclave logístico y apoyar pequeños emprendimientos.
Los resultados muestran avances, pero también la diferencia de escala. Un informe de Uruguay XXI registraba en 2023 siete empresas y 69 trabajadores en el Parque Industrial Juan Lacaze. Otra información del organismo ubicó posteriormente allí actividades metalúrgicas, tecnológicas, pesqueras y navales.
El puerto tampoco recuperó todavía una función equivalente a la que tuvo la gran industria. Entre enero y setiembre de 2025 movilizó 35.116 toneladas, exclusivamente combustible en tránsito, según la Administración Nacional de Puertos. La pesca mantiene presencia: el puerto deportivo dispone de seis amarras para pesca artesanal y desde el parque industrial opera una empresa procesadora que registró exportaciones de productos pesqueros.
La forestación agrega otra oportunidad regional. Uruguay produjo 23,5 millones de metros cúbicos de madera en 2025 y el sector sostuvo 18.139 empleos directos, aunque las estadísticas oficiales no permiten determinar cuántos corresponden específicamente a Juan Lacaze.
La transformación, por tanto, existe. Pero los datos describen menos una nueva industria dominante que un mosaico de actividades. El desafío estructural es comprobar si esa diversificación consigue generar volumen, continuidad y empleos suficientes para sustituir, y no solamente suceder, a la vieja ciudad fabril.



























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