El presidente de la Cámara Hotelera de Colonia, Miguel Slimovich, advirtió sobre una “muerte silenciosa” del turismo y sostuvo que 32 hoteles cerraron desde la pandemia. El director de Turismo de la Intendencia, Martín Álvarez, rechazó ese diagnóstico y respondió con otra lectura de las cifras. Detrás del cruce aparece una discusión más profunda: cómo medir la situación turística del departamento y qué indicadores permiten determinar si el sector atraviesa una crisis.
El cierre de un emblemático hotel de Colonia del Sacramento abrió una discusión que rápidamente trascendió el caso particular. Dos entrevistas realizadas por Canal 3 de Colonia expusieron posiciones contrapuestas entre el presidente de la Cámara Hotelera de Colonia, Miguel Slimovich, y el director de Turismo de la Intendencia de Colonia, Martín Álvarez.
Slimovich colocó el foco en el cierre de establecimientos hoteleros, la pérdida de rentabilidad y los costos que enfrenta el sector formal. Álvarez cuestionó ese diagnóstico y amplió el análisis hacia el conjunto de la oferta turística, incluyendo los alojamientos disponibles a través de Airbnb, nuevas aperturas y la evolución de la permanencia de los visitantes.
Las dos posiciones parten, por lo tanto, de indicadores diferentes. Y esa diferencia es central para comprender el debate.
Slimovich: “No cerró un hotel, cerraron 32”
El presidente de la Cámara Hotelera sostuvo que el establecimiento cuyo cierre motivó la entrevista es el número 32 que deja de funcionar desde la pandemia.
“Lo que estamos viendo es la muerte silenciosa del turismo en Colonia del Sacramento, en el departamento de Colonia”, afirmó Slimovich.
Según su planteo, la repercusión generada por este último caso responde al carácter emblemático del establecimiento, con más de 30 años de trayectoria, pero el problema sería anterior y considerablemente más amplio.
“No cerró un hotel, cerraron 32 hoteles”, insistió.
Slimovich vinculó la situación principalmente con una pérdida de rentabilidad. Señaló como factores la evolución del tipo de cambio y de la inflación, la situación económica argentina y la competencia de alojamientos turísticos que, según sostuvo, no operan bajo las mismas condiciones que los hoteles.
Su argumento económico se apoya en que buena parte de las tarifas hoteleras se expresa en dólares mientras los costos internos aumentaron en pesos. De acuerdo con las cifras mencionadas por el empresario durante la entrevista, desde la pandemia la inflación acumulada alcanzó el 52%, mientras la cotización del dólar pasó de aproximadamente 44 a 40 pesos.
A partir de esos números, Slimovich sostuvo que trasladar completamente el incremento de los costos a las tarifas dejaría a los hoteles uruguayos fuera de competencia.
El representante empresarial también reclamó la reglamentación de la normativa sobre alojamientos turísticos y sostuvo que actualmente existe una situación de competencia desigual.
El reclamo por la contribución inmobiliaria
La Cámara Hotelera también planteó medidas departamentales para reducir los costos de los establecimientos.
Slimovich señaló que el sector solicitó a la Intendencia un régimen similar al aplicado en Maldonado para hoteles que permanecen abiertos durante todo el año. La propuesta incluye una reducción de la contribución inmobiliaria y la posibilidad de compensar parte del tributo mediante habitaciones destinadas a apoyar eventos y acciones promocionales.
Según explicó, la Cámara Hotelera ya proporciona habitaciones sin costo para diferentes actividades que se desarrollan en Colonia y propone que ese aporte pueda computarse como parte del pago de la contribución.
Slimovich reconoció que la iniciativa ya había sido planteada y no obtuvo respaldo el año pasado.
Su cuestionamiento, sin embargo, fue más allá de una medida tributaria concreta. También puso en discusión la efectividad de las acciones de promoción desarrolladas por organismos departamentales y nacionales.
Frente a las reuniones, ferias y actividades destinadas a posicionar a Colonia, respondió: “No es suficiente”.
Álvarez rechaza que exista una “muerte silenciosa” del turismo
La respuesta del director de Turismo de Colonia apuntó directamente contra esa definición.
Martín Álvarez calificó la expresión como “totalmente desatinada” y sostuvo que una afirmación de esas características puede perjudicar la imagen del destino.
Según explicó, la Dirección de Turismo solicitó a la Cámara Hotelera el listado de los 32 establecimientos mencionados por Slimovich y realizó su propio análisis.
Álvarez afirmó que 16 de esos hoteles habían cerrado durante la pandemia o antes de ella. Los otros 16, indicó, corresponden al período posterior a 2020.
Su respuesta incorpora además un elemento que cambia el objeto de comparación: mientras la Cámara Hotelera concentra el análisis en los hoteles, la Dirección de Turismo considera también los alojamientos ofrecidos mediante plataformas digitales.
De acuerdo con las cifras mencionadas por Álvarez, en 2020 existían unos 1.400 alojamientos ofrecidos a través de Airbnb y actualmente serían alrededor de 2.400.
El director sostuvo que ese crecimiento incorporó aproximadamente 1.000 camas a la oferta turística, mientras que el cierre de los 16 hoteles posteriores a 2020 habría representado una pérdida de unas 600.
Sobre esa base, afirmó que el departamento tendría un saldo positivo cercano a las 400 camas.
Álvarez agregó que 122 de las camas consideradas perdidas corresponden a un hotel de Conchillas que volverá a funcionar bajo una nueva propuesta orientada al turismo de bienestar. También señaló que durante el mismo período abrieron otros establecimientos que incorporaron nuevas plazas.
Dos formas distintas de medir el mismo fenómeno
El intercambio revela una diferencia que va más allá de una discusión sobre si son 32 o 16 los hoteles cerrados después de 2020.
Slimovich analiza principalmente la salud económica de la hotelería formal. Álvarez responde observando la capacidad total de alojamiento turístico disponible en el departamento.
No son indicadores equivalentes.
Que aumente el número total de camas disponibles no demuestra necesariamente que la hotelería tradicional haya mejorado su rentabilidad. Del mismo modo, el cierre de establecimientos hoteleros no permite concluir por sí solo que esté disminuyendo toda la actividad turística si simultáneamente crecen otras modalidades de alojamiento.
Ese es uno de los puntos centrales que deja el cruce.
La Cámara Hotelera advierte sobre la sostenibilidad económica de un determinado modelo empresarial. La Dirección de Turismo responde sobre la evolución general de la oferta del destino.
Ambas cuestiones están relacionadas, pero responden preguntas diferentes.
El debate sobre Airbnb
La plataforma de alojamientos aparece, además, con sentidos opuestos en las dos argumentaciones.
Para Slimovich, el crecimiento de este tipo de oferta forma parte del problema si los alojamientos no compiten bajo las mismas obligaciones regulatorias y tributarias que los hoteles.
Para Álvarez, en cambio, ese crecimiento demuestra que la capacidad turística del departamento no necesariamente disminuyó pese al cierre de establecimientos tradicionales.
Por eso, las aproximadamente 1.000 nuevas camas mencionadas por el director de Turismo pueden interpretarse de dos maneras: como una ampliación de la oferta disponible para visitantes o como evidencia de una transformación del mercado que incrementa la competencia para la hotelería formal.
Determinar cuál de esos efectos tiene mayor peso requiere información que las entrevistas no proporcionan: niveles de ocupación por modalidad, tarifas promedio, cantidad de establecimientos efectivamente registrados, evolución del empleo, rentabilidad y participación de cada tipo de alojamiento en el mercado.
La Intendencia defiende el apoyo al sector
Álvarez también respondió al reclamo de un mayor respaldo institucional.
Según explicó, los hoteles de Colonia cuentan actualmente con un descuento del 25% en la contribución inmobiliaria, sin una contraprestación específica, además de facilidades especiales para efectuar los pagos.
“El sector público acompaña mucho al sector hotelero”, sostuvo.
El director señaló además que las acciones promocionales de la Intendencia buscan aumentar las noches que los turistas permanecen en el departamento, porque el visitante que pernocta genera consumo no solamente en alojamiento, sino también en gastronomía y otros servicios.
Como indicador, mencionó datos del Ministerio de Turismo correspondientes al primer trimestre de 2026. Según Álvarez, la permanencia promedio de los visitantes en Colonia pasó de 3,7 días en el primer trimestre de 2025 a 4,6 en igual período de 2026.
Ese dato, de confirmarse en las estadísticas oficiales y manteniendo una metodología comparable, constituye un indicador favorable para el destino. Sin embargo, tampoco permite por sí mismo responder al planteo sobre la rentabilidad hotelera: una mayor estadía promedio no necesariamente implica mayor ocupación de hoteles si una proporción creciente de visitantes utiliza otras modalidades de alojamiento.
Qué puede afirmarse y qué todavía falta comprobar
Las entrevistas permiten constatar la existencia de una preocupación del sector hotelero y una diferencia de diagnóstico con la Dirección de Turismo. Pero varios números utilizados en la discusión necesitan una verificación documental independiente antes de transformarse en conclusiones.
El listado de los 32 hoteles, las fechas efectivas de cierre, la cantidad de camas que representaban, las aperturas producidas durante el mismo período y la evolución exacta de la oferta de Airbnb son elementos necesarios para establecer un balance.
También sería necesario comparar otros indicadores: cantidad de turistas, pernoctaciones, ocupación hotelera, cantidad de establecimientos registrados, empleo generado por el sector, tarifas promedio y evolución de los costos.
Sin esos datos, afirmar que el turismo de Colonia atraviesa una “muerte silenciosa” constituye el diagnóstico de la Cámara Hotelera, no un hecho demostrado. Pero afirmar que el aumento de camas disponibles descarta una crisis de la hotelería tradicional tampoco surge necesariamente de las cifras presentadas por la Dirección de Turismo.
Una discusión que excede el cierre de un hotel
El cierre que originó las entrevistas funcionó, en definitiva, como disparador de un debate más amplio.
La discusión ya no se limita a determinar por qué dejó de funcionar un establecimiento. Pone sobre la mesa qué modelo turístico está desarrollando Colonia, cuánto peso conserva la hotelería tradicional, cuánto creció el alojamiento ofrecido mediante plataformas y qué condiciones deben cumplir quienes participan del mercado.
También plantea una diferencia sobre el papel del Estado. La Cámara Hotelera reclama mayores medidas para reducir costos y equiparar condiciones de competencia. La Dirección de Turismo sostiene que ya existen beneficios para el sector y destaca las políticas de promoción y los indicadores que considera favorables.
Las dos entrevistas describen, así, realidades que pueden coexistir: un destino puede aumentar su oferta total de alojamiento y recibir turistas durante más días mientras una parte de su hotelería tradicional enfrenta dificultades de rentabilidad.
Determinar si eso es lo que efectivamente está ocurriendo en Colonia requiere pasar del cruce de declaraciones a una comparación sistemática de los datos.
Por ahora, el cierre de un hotel emblemático dejó una pregunta abierta que excede a ese establecimiento: no solamente cuántas camas tiene Colonia, sino qué tipo de alojamiento está creciendo, cuál está retrocediendo y bajo qué condiciones económicas compite cada sector.



























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