Los fines de semana de verano, el tránsito en Carmelo se vuelve denso, el centro se llena, las playas se saturan y, en muchos casos, estacionar se convierte en una odisea. La postal se repite una y otra vez: autos ocupando espacios no permitidos, entradas de garajes. La zona del Puente Giratorio, punto neurálgico de circulación y cruce entre barrios, suma a esta dinámica sus propios cuellos de botella.
Vecinos, comerciantes y visitantes coinciden en un diagnóstico: el sistema actual de movilidad urbana está en tensión, especialmente en determinadas horas y días. Lo que antes era una incomodidad puntual, hoy empieza a perfilarse como un problema estructural de gestión del espacio público.
Zonas críticas: el centro, la costa y el puente
Durante la temporada estival, la mayor parte de los vehículos se concentra en la zona costera de Playa Seré, en el centro y en el entorno del Puente Giratorio. También el centro comercial de Carmelo —calles 19 de Abril, Zorrilla,18 de julio y Treinta y Tres— recibe una carga vehicular que supera ampliamente la capacidad de estacionamiento disponible.
19 de abril debería autorizarse el estacionamiento en ambos cordones, duplicaría la posibilidad de estacionar y además habría una natural disminución de velocidad en el tránsito.
Además del congestionamiento, se generan problemas de seguridad vial, bloqueos de accesos y conflictos entre vehículos y peatones, según informan funcionarios municipales y agentes de tránsito.
¿Qué se está haciendo y qué se podría hacer?
Desde la Dirección de Tránsito de la Intendencia de Colonia se han instrumentado operativos de control puntual durante eventos masivos o fines de semana de alta afluencia, aunque no existen aún planes estructurados a largo plazo para rediseñar la política de estacionamiento en Carmelo.
En conversación con actores del territorio —desde ediles departamentales hasta operadores turísticos— surgen algunas ideas que podrían ponerse sobre la mesa:
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Delimitar zonas de estacionamiento con tiempo máximo de permanencia en áreas comerciales.
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Aprovechar terrenos públicos cercanos para crear estacionamientos disuasorios que liberen el centro.
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Implementar señalización clara y sistemas de información digital para conductores, indicando lugares disponibles y restricciones.
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Reforzar los controles y sanciones por mal estacionamiento, particularmente en zonas sensibles como cruces, veredas y rampas.
El debate que falta
Lo cierto es que el crecimiento del parque automotor en Carmelo —en particular, el aumento del uso del automóvil como medio de transporte individual— ha sido más rápido que la respuesta de la infraestructura vial. A esto se suma una cultura urbana centrada en el auto y la falta de opciones reales de transporte alternativo.
“No se trata solo de agregar más lugares para estacionar, sino de repensar cómo nos movemos en la ciudad”, señala un funcionario local con conocimiento del área. “Tenemos que anticiparnos a un problema que ya está afectando la calidad de vida de residentes y visitantes.”
El ejemplo de otras ciudades
Algunas ciudades similares a Carmelo han ensayado soluciones locales. En Colonia del Sacramento, por ejemplo, se delimitó una zona patrimonial con acceso vehicular restringido en temporadas altas, y se promovió el uso de estacionamientos alejados del centro histórico. En Nueva Palmira, se aplicaron medidas de ordenamiento con horarios rotativos de carga y descarga comercial.
La experiencia internacional también ofrece pistas: desde tarifas diferenciadas en zonas céntricas (como en San Francisco o Rosario, Argentina), hasta estacionamientos periféricos con servicios de traslado gratuito, como en Maldonado.
Una ciudad a escala humana
En Carmelo, la movilidad urbana aún puede pensarse a escala local. La cercanía entre puntos clave, la densidad relativamente baja y el perfil de ciudad intermedia ofrecen una oportunidad para apostar por soluciones sostenibles y accesibles, como el uso de la bicicleta, la caminabilidad y el transporte público.
Pero para eso, será necesario abrir el debate y pensar el estacionamiento como parte de un sistema integral de movilidad, que contemple no solo al auto, sino también a las personas, la seguridad y la convivencia urbana.



























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