La huella que quedó aquella jornada del 26 de setiembre en Carmelo no fue difícil de ver: vidrios rotos, un espejo retrovisor dañado, contadores de UTE afectados y el cartel de un comercio destrozado. Los daños aparecieron en distintos puntos y propiedades de la ciudad. Días después, la investigación policial terminó con un detenido y una condena.
Había caído el “rompevidrios”.
Así puede resumirse el desenlace de una investigación llevada adelante por personal de la Zona Operacional III por una sucesión de daños ocurridos durante aquella jornada.
Uno de los episodios se registró en el local de Identificación Civil, donde fue roto un vidrio. También resultó dañado el espejo retrovisor de un vehículo que se encontraba estacionado.
La lista continuó con varios contadores de UTE, el cartel de un comercio y vidrios de distintos locales comerciales de la misma cuadra.
Tras constatarse los destrozos, personal de Policía Científica trabajó en los lugares afectados y realizó el relevamiento correspondiente. La investigación siguió su curso hasta que, en las últimas horas, la Policía detuvo a un hombre de 28 años, poseedor de antecedentes penales, que había sido señalado en las actuaciones.
El caso pasó entonces a la órbita judicial. El detenido fue puesto a disposición de la Justicia y finalmente condenado como autor penalmente responsable de cinco delitos de daño especialmente agravados en reiteración real.
La Justicia le impuso una pena de 14 meses de prisión, sustituida por un régimen de libertad a prueba.
Así terminó judicialmente la investigación por aquella sucesión de destrozos del 26 de setiembre. El “rompevidrios”, como puede quedar identificado en la crónica por la característica de varios de los daños registrados, fue condenado por cinco delitos especialmente agravados.


























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