En el marco de la preparación del bicentenario de la Batalla de Juncal, que se cumplirá en febrero de 2027, el Municipio de Carmelo analizó este jueves durante su sesión la organización de los actos conmemorativos y repasó las autoridades que podrían ser invitadas. Entre los nombres considerados aparecen el presidente de Uruguay, Yamandú Orsi, y el mandatario argentino, Javier Milei. El presidente de Brasil no sería convocado porque Brasil integró el bando derrotado en el combate naval de 1827, señalaron en el Municipio.
Los motivos para no invitar al presidente brasileño fueron expuestos durante la sesión por el alcalde Luis Pablo Parodi y la concejal Claudia Duarte. El criterio fue compartido por los integrantes del gobierno local y no generó discusión ni objeciones.
Las invitaciones todavía no fueron cursadas y la presencia de Orsi y Milei dependerá de las gestiones posteriores y de las agendas presidenciales. Sin embargo, lo planteado permite observar qué relato se pretende construir alrededor de una batalla ocurrida hace casi 200 años.
El combate de Juncal se desarrolló el 8 y el 9 de febrero de 1827 en aguas del río Uruguay. La escuadra de las Provincias Unidas, comandada por Guillermo Brown, derrotó a la fuerza naval del Imperio del Brasil dirigida por Jacinto Roque de Sena Pereira. La acción formó parte de la Guerra del Brasil o Guerra Cisplatina.
Cuando se produjo la batalla, Uruguay todavía no existía como Estado independiente. La guerra enfrentaba a las Provincias Unidas y al Imperio del Brasil por el control de la Banda Oriental. La Convención Preliminar de Paz de 1828 abrió posteriormente el proceso que derivó en la creación del Estado uruguayo.
La decisión de invitar a Milei y no a Lula traslada simbólicamente las posiciones militares de 1827 a los actuales presidentes. Argentina aparece como heredera de la victoria de las Provincias Unidas, mientras Brasil queda asociado con la derrota de un imperio que dejó de existir en 1889.
No se trata de modificar el resultado de Juncal ni de omitir las razones políticas y territoriales de aquella guerra. El episodio permite preguntarse si una conmemoración contemporánea debe reproducir la división entre vencedores y vencidos o incorporar el paso del tiempo como parte de su significado.
La presencia de Brasil podría ofrecer otra lectura: la transformación de un antiguo campo de batalla en un espacio compartido por tres Estados que mantienen vínculos diplomáticos, comerciales y culturales. Invitar al representante del país derrotado no convertiría la ceremonia en una reconciliación forzada ni establecería una equivalencia entre los proyectos enfrentados. Podría mostrar qué ocurrió después de la guerra.
Toda conmemoración selecciona hechos, protagonistas y símbolos. También las ausencias integran el relato. Si Brasil queda fuera de la actividad, esa exclusión comunicará que la ceremonia conserva la distribución de 1827 y reserva el lugar central para quienes son identificados con el bando vencedor.
El planteo compartido en el Municipio define, al menos inicialmente, una forma de recordar Juncal. Orsi participaría como presidente del país que nació después de aquel conflicto. Milei sería invitado como representante del Estado asociado con la fuerza vencedora. Lula no estaría porque Brasil perdió la batalla.
La explicación es clara. Lo que queda abierto es si, dos siglos después, recordar una guerra exige mantener al derrotado fuera de la mesa.



























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