Durante décadas fueron escenarios de bailes, tertulias, cenas y encuentros que atravesaron generaciones. Pero detrás de los clubes sociales del interior uruguayo existe otra historia: la de edificios levantados para expresar las aspiraciones de progreso de cada ciudad. Una investigación de la Universidad de la República reconstruyó ese fenómeno y encontró en el departamento de Colonia —y también en Carmelo— algunas de sus manifestaciones significativas.
La arquitecta Lucía Pucci Garmendia dedicó su tesis de Maestría en Arquitectura de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU) a estudiar un patrimonio prácticamente ausente de la historiografía arquitectónica nacional. El trabajo, dirigido por Jorge Nudelman y presentado en febrero de 2025, se titula “Espacios para la sociabilidad en el Uruguay del siglo XX. Los clubes sociales en las ciudades del interior del país”.
La investigación parte de una constatación: aquellos clubes no eran simplemente lugares de entretenimiento. Desde fines del siglo XIX se transformaron en espacios centrales de la vida comunitaria y, cuando consiguieron construir sedes propias, sus edificios comenzaron también a modificar las ciudades.
Pucci Garmendia recorrió los 18 departamentos del interior, analizó 90 localidades y seleccionó 43 clubes de 36 ciudades y pueblos. Visitó edificios, consultó archivos, actas, prensa y documentación pública y entrevistó a socios, referentes locales e investigadores. El objetivo fue reconstruir el origen de las instituciones, sus edificios, arquitectos, sistemas de financiación y características comunes.
Colonia, un territorio de arquitectura moderna
El departamento ocupa un lugar destacado en esa cartografía. La tesis señala que entre 1950 y 1965 Colonia estuvo entre los departamentos del interior con una importante producción de arquitectura moderna.
Ese fenómeno no se concentró en una única ciudad. El relevamiento incorpora ejemplos en Carmelo, Rosario, Nueva Helvecia, Juan Lacaze y Colonia del Sacramento, mientras que el análisis de la arquitectura departamental también alcanza a Colonia Valdense.
Detrás de esa producción aparece una trama de profesionales vinculados entre sí. La autora identifica a Miguel Ángel Odriozola en Colonia del Sacramento, Miguel Alberto Otaegui en Rosario, Leonel Oronoz en Colonia Valdense y Heriberto Spósito en Carmelo. Este último, oriundo de Carmelo, regresó después de graduarse para ejercer allí su profesión.
La investigación profundiza todavía más: detecta una suerte de circuito arquitectónico coloniense, con relaciones de maestro y discípulo, asociaciones profesionales e intervenciones compartidas. Entre ellas aparece el vínculo docente entre Odriozola y Spósito, además de la posterior asociación de Spósito con Oronoz. Para la autora, esas conexiones hablan de un crecimiento colectivo y de experiencias proyectuales compartidas dentro del departamento.
En Carmelo, además, la modernidad arquitectónica no quedó limitada a la actividad privada. El estudio señala que posteriormente aparecieron edificios educativos vinculados a esta corriente tanto en Rosario como en Carmelo.
El Club Uruguay de Carmelo, una institución nacida en 1890
La presencia carmelitana en la investigación tiene otra dimensión: el Club Uruguay de Carmelo figura entre los clubes sociales más antiguos del interior del país.
Fue fundado en 1890, en momentos en que estas asociaciones comenzaban a multiplicarse por Uruguay. La tesis lo coloca en una generación que incluye al Club Cosmopolita de Rosario, creado en 1884, y señala que esas instituciones eran contemporáneas de los grandes clubes de la belle époque montevideana.
Décadas después, el Club Uruguay de Carmelo integraría el período que la investigación identifica como el de mayor proliferación de nuevas sedes sociales: los años de posguerra y expansión de la arquitectura moderna. En esa misma etapa fueron construidos el Centro Unión Cosmopolita de Colonia del Sacramento y el Club Social Rosario.
Rosario ocupa, de hecho, un lugar central en la tesis. Su Club Social, proyectado por Miguel Alberto Otaegui, es uno de apenas tres casos seleccionados en todo Uruguay para un estudio arquitectónico en profundidad. El edificio se encuentra frente a la plaza Benito Herosa, uno de los espacios públicos más antiguos y representativos de la ciudad.
Edificios que contaban cómo quería verse cada ciudad
El argumento central de Pucci Garmendia permite mirar esos clubes desde otra perspectiva. Sus sedes fueron el resultado de años de trabajo de directivos y socios que buscaban algo más que resolver dónde reunirse: querían un edificio capaz de representar públicamente la importancia de la institución.
Por eso muchas fueron levantadas cerca de las plazas y en puntos centrales. Su tamaño, diseño y ubicación las convirtieron en referencias urbanas y, al mismo tiempo, en manifestaciones de una sociedad que asociaba la arquitectura moderna con progreso.
Ese legado enfrenta hoy un problema diferente. La tesis advierte que muchas de estas obras permanecen prácticamente desconocidas para la propia historiografía arquitectónica uruguaya. Incluso propone avanzar en la protección de algunas: entre ellas, el Club Social Rosario como Monumento Histórico Nacional y el Centro Unión Cosmopolita de Colonia del Sacramento como bien de interés departamental.
La investigación termina así hablando tanto del pasado como del presente. En Carmelo, Rosario, Juan Lacaze, Nueva Helvecia, Colonia Valdense y Colonia del Sacramento sobreviven edificios que permiten leer una época en la que reunirse, construir y modernizar la ciudad formaban parte de un mismo proyecto colectivo.
Fuente: Lucía Pucci Garmendia, Espacios para la sociabilidad en el Uruguay del siglo XX. Los clubes sociales en las ciudades del interior del país. Tesis de Maestría en Arquitectura, Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo, Universidad de la República, febrero de 2025.



























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