El consumo de carne vacuna de los argentinos cae a su mínimo histórico

EFE/Juan Ignacio Roncoron

Por Verónica Dalto

El consumo de carne vacuna de los argentinos, en cuya mesa no puede faltar el asado, cayó a su mínimo histórico en 2020, unos 49,7 kilogramos por persona, debido a la caída del poder adquisitivo y una apertura hacia la carne de pollo y de cerdo.

El pico de consumo promedio de carne vacuna en el país austral, que junto a Uruguay comparte el podium mundial por persona, se había dado en 1956, al tocar los 100,8 kilogramos, según datos de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de Argentina (Ciccra).

«Venimos cayendo en el consumo de carne vacuna de manera paulatina y lenta. Es probable que terminemos en consumos parecidos a los de países desarrollados», afirma a Efe el presidente de la Ciccra, Miguel Schiariti, en referencia a consumos más moderados de ese tipo de carne como el de EEUU (35 kilogramos por persona) o la Unión Europea (20 kilogramos).

LA IMPLACABLE INFLACIÓN EN MEDIO DE LA CRISIS

Es el aumento del precio de la carne – 74,8 % interanual en diciembre de 2020, según el laboratorio de ideas IERAL de la Fundación Mediterránea- lo que lleva a los ciudadanos a volcarse a otras variedades, como el pollo, que aumentó el 58 % y el cerdo, 59 %.

«Somos carnívoros por naturaleza», sentencia Schiariti.

Si se suman a los 49,7 kilos de carne vacuna consumidos por persona los 44 kilos de pollo y los 14 de cerdo, el consumo de las tres variedades trepó el año pasado a unos 108 kilogramos por habitante.

Cambio de hábitos en el consumo de carne bovina que se dan en un contexto de niveles récords de producción y exportación de proteína animal en Argentina, país que lleva casi tres años en recesión -con altos niveles de inflación y caída del poder adquisitivo- agravada por los efectos de la pandemia del coronavirus.

DIFERENTES TIPOS DE CORTES PARA DENTRO Y FUERA DEL PAÍS

Acostumbrado a observar los cambios de hábito en el mostrador, Emmanuel Lapetina, del Frigorífico La Peña, en el Mercado Central de Buenos Aires, cuenta a Efe que el cambio en la conformación de la cantidad de carne vacuna que come el argentino es «estrictamente» por un tema de precios.

Explica que el consumo interno de carne vacuna se vio afectado el último año «por una puja de precios», por el efecto de las exportaciones sobre los precios internos, que se suma al nivel de inflación general (un 36,1 % en todo 2020): «La gente se vuelca a otro tipo de carne dependiendo de cómo este el precio mensual».

Para Oscar Subarroca, presidente del Mercado de Liniers de Buenos Aires, el centro donde se comercializa la hacienda en la capital, las exportaciones, que están en un nivel históricamente alto (unas 917.000 toneladas), juegan en un carril distinto al consumo nacional, porque son dos tipos de hacienda de calidad diferentes.

Y es que se entiende que cuantas más exportaciones haya, mayor cantidad habrá de asado, vacío y matambre, los cortes predilectos de los argentinos, porque no se venden en el exterior.

Según Subarroca, el precio de la hacienda sube debido al aumento del costo del maíz que sirve de alimento al animal y del costo de reposición de los novillos, e igualmente considera que «el novillo que se está vendiendo en el mercado no se está vendiendo al valor que tendría que estar, debería ser más alto».

Schiariti agrega que por el aumento de costos, los ganaderos llevaron las vacas a pastar en vez de engordarlas con maíz, un proceso de producción más lento que junto al cierre impositivo del año disminuyó la oferta, lo que chocó con el aumento de la demanda por la apertura de actividades tras los meses de cuarentena por la pandemia del coronavirus: «Fue una combinación explosiva».

EL AUGE DE LAS EXPORTACIONES

Argentina ya ha atravesado la ‘pelea’ entre el mercado interno y externo de la carne vacuna en la década pasada y para el año próximo una de las preocupaciones de los productores son las políticas públicas para contener la inflación en un año electoral -se eligen nuevos parlamentarios- que podrían afectar las exportaciones.

«En el sector hay un gran temor a que repitan viejos errores», señala Schiariti, tras recordar las políticas de intervención de mercado y los cupos de exportación durante 2008 y 2009 para contener los precios internos, que liquidó el 20 % del stock ganadero, unas 12,5 millones de cabezas, del que todavía no se recuperó la mitad, hasta las 53 millones de hoy en día.

El Gobierno de Alberto Fernández, que asumió en 2019, es del mismo color político que gobernó entre 2007 y 2015, cuando Cristina Fernández de Kirchner, hoy su vicepresidenta, mantuvo un conflicto con el sector.

Hoy Argentina exporta el 28,9 % de lo que produce (frente a un 8 % en 2015) y el 71,1 % lo consume internamente, sobre una producción más alta, de 3,17 millones de toneladas, la tercera producción vacuna más alta en los últimos 25 años, según Ciccra.

Ese nivel récord de producción no se habría traducido en facturación, según el sector: a noviembre de 2020 la carne vacuna generó divisas por exportación por unos 2.511,1 millones de dólares, 8,7 % por debajo del año anterior.

«La Argentina tiene la obligación de abrir más mercados en el sudeste asiático para evitar que los chinos nos manipulen con los precios», dice Schiariti.

Hoy, 7,5 de cada 10 kilogramos de carne vacuna se venden a China, pero entiende que en los próximos 20 años el sudeste asiático será el centro del comercio mundial de carne por el aumento del poder adquisitivo.

Los otros mercados relevantes en toneladas son Israel, Chile y EEUU, aunque en precio el más importante es la Unión Europea.

EFE

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