Colonia tiene una de las menores desigualdades de ingresos del país, pero ¿quién es dueño de su riqueza?

El departamento presenta una distribución de ingresos relativamente equilibrada, aunque esa medición no revela cómo se reparten las tierras, los inmuebles y las empresas. Más de 17.000 viviendas desocupadas y una economía apoyada en importantes activos productivos permiten examinar, desde las ideas del economista Thomas Piketty, una dimensión poco explorada de Colonia: la distancia entre ganar dinero y poseer patrimonio.

Por Lic. Elio García Clavijo 

Colonia figura entre los departamentos uruguayos con menor desigualdad de ingresos, según los datos del Instituto Nacional de Estadística correspondientes a 2025. Sin embargo, el Censo de 2023 registró 17.019 viviendas desocupadas, casi una de cada cuatro existentes en el departamento. De ellas, aproximadamente 6.900 eran de uso temporal.

Los números describen realidades diferentes, pero juntos permiten plantear una pregunta que rara vez aparece cuando se habla de la economía coloniense: ¿cuánto sabemos realmente sobre la distribución de su riqueza?

El economista francés Thomas Piketty, autor de El capital en el siglo XXI y uno de los principales investigadores contemporáneos de la desigualdad económica, nos sirve de inspiración desde una base teórica, dedicó buena parte de su trabajo a demostrar la importancia del patrimonio en las diferencias sociales. Su planteo ayuda a comprender algo sencillo: dos personas pueden ganar lo mismo, pero sus condiciones económicas serán muy distintas si una posee tierras, viviendas o inversiones y la otra depende exclusivamente de su salario.

Esa diferencia permite observar Colonia desde una perspectiva que las estadísticas habituales apenas muestran, recurrir a la bibliografía de este autor francés ayuda a pensar el departamento desde su economía.

Las casas también hablan de la economía

Las 17.019 viviendas desocupadas representan el 24% del parque habitacional departamental. El 40,7% corresponde a viviendas de uso temporal, mientras que el 22,7% se encontraba disponible para alquiler o venta.

No se trata necesariamente de propiedades abandonadas. Una casa de veraneo, un inmueble en venta o una vivienda en reparación responden a situaciones distintas. Pero las cifras muestran el peso de los bienes inmobiliarios que no funcionan como residencia permanente.

La cuestión económica aparece cuando se considera el valor de esas propiedades.

Una familia que dispone de una segunda vivienda posee un recurso que puede utilizar, alquilar o vender. Otra, aunque tenga ingresos mensuales similares, quizá deba destinar una parte considerable de su presupuesto al alquiler de su residencia habitual.

El INE contabiliza las viviendas y sus condiciones de ocupación, pero no identifica cuántas pertenecen a un mismo propietario ni cómo se distribuye su valor. Por eso, el dato no demuestra concentración inmobiliaria. Sí revela una dimensión patrimonial significativa que merece ser considerada al describir la economía departamental.

El campo y la diferencia entre producir y poseer

En un territorio con fuerte actividad agropecuaria, la propiedad de la tierra introduce otra distinción.

Quien explota un campo arrendado necesita producir para pagar sus costos y el alquiler de la superficie. El propietario, por su parte, puede percibir una renta sin intervenir directamente en las tareas productivas.

Ambos participan de la actividad económica, pero sus ingresos provienen de fuentes diferentes.

El Censo General Agropecuario de 2024 registró en Uruguay 41.918 explotaciones, frente a las 44.781 contabilizadas en 2011. En ese período, la superficie promedio por explotación aumentó de 365 a 385 hectáreas.

Son cifras nacionales y no permiten establecer que Colonia haya seguido exactamente la misma evolución. Tampoco equivalen a una medición de la concentración de la propiedad: una explotación puede comprender tierras propias y arrendadas.

Sin embargo, introducen una cuestión central para el departamento: el tamaño de las explotaciones, la posibilidad de acceder a tierra y el peso económico de los arrendamientos forman parte de una realidad que no aparece cuando solamente se comparan salarios.

El valor de una hectárea, además, puede aumentar independientemente de cuánto gane quien la trabaja. Allí aparece uno de los mecanismos estudiados por Piketty: el patrimonio puede incrementar su valor y generar rendimientos que no dependen exclusivamente del esfuerzo laboral de su propietario.

Las inversiones y el destino de sus beneficios

La industria, los puertos, el turismo, la agricultura y los desarrollos inmobiliarios sostienen buena parte de la actividad económica de Colonia. Su expansión puede generar empleos, demanda de servicios, recaudación tributaria y nuevas oportunidades comerciales.

Pero una inversión importante no significa que todo el dinero movilizado se transforme en ingresos para la población local.

Una industria paga remuneraciones a sus trabajadores, compra insumos, afronta impuestos y genera resultados para sus propietarios. Parte de sus beneficios puede permanecer en el departamento y otra parte distribuirse entre accionistas o inversores radicados en otros lugares.

Son movimientos económicos diferentes que habitualmente quedan reunidos bajo una misma expresión: crecimiento.

El mercado laboral ofrece otra referencia. Entre octubre y diciembre de 2025, Colonia registró una tasa de desempleo del 8,9%, superior al promedio nacional del 7,2%. El departamento tenía aproximadamente 61.900 personas ocupadas y 6.100 desocupadas.

Los datos muestran que una distribución de ingresos relativamente favorable puede convivir con dificultades para acceder al trabajo. También recuerdan que el desempeño de las grandes actividades productivas no explica, por sí solo, la situación económica de todos los hogares.

El patrimonio que cambia el punto de partida

La influencia de la riqueza se vuelve especialmente visible entre generaciones.

Un joven que hereda una vivienda puede comenzar su vida adulta sin necesidad de pagar alquiler. Otro, con un ingreso equivalente, deberá financiar su alojamiento mientras intenta ahorrar para comprar una propiedad.

La diferencia puede proyectarse durante décadas.

Lo mismo sucede cuando una familia transmite un comercio, un establecimiento rural o bienes capaces de producir ingresos. El patrimonio recibido puede facilitar nuevas inversiones, mientras quien no dispone de esos recursos necesita reunir capital a partir de su trabajo o recurrir al crédito.

Piketty considera que las herencias y la acumulación de bienes tienen una influencia decisiva en la formación y persistencia de las desigualdades. No porque el trabajo deje de importar, sino porque las oportunidades económicas también dependen de los recursos disponibles antes de comenzar a trabajar.

En Colonia todavía falta información pública sistematizada que permita medir cuánto incide esa transmisión patrimonial en las diferencias entre hogares.

Lo que Colonia produce y lo que todavía no sabemos

Los indicadores oficiales permiten afirmar que Colonia presenta una de las distribuciones de ingresos más equilibradas del país. También muestran una proporción considerable de viviendas sin ocupación permanente y una economía donde la tierra, la industria y los inmuebles tienen un papel relevante.

Sin embargo, no existe en los datos examinados una medición que establezca qué porcentaje del patrimonio departamental pertenece al 10% más rico de sus habitantes, cuántas propiedades acumulan los mayores titulares inmobiliarios o qué proporción de los beneficios empresariales permanece en el territorio.

Esa ausencia impide afirmar que la riqueza coloniense esté altamente concentrada. Pero también impide concluir que se encuentra distribuida de manera tan equilibrada como los ingresos. La distinción cambia la manera de interpretar el desarrollo.

Un departamento puede aumentar su producción, recibir inversiones y mejorar sus indicadores laborales sin que todos sus habitantes tengan las mismas posibilidades de acceder a una vivienda, adquirir tierras o formar un patrimonio.

La economía de Colonia suele describirse por sus establecimientos productivos, sus industrias, sus puertos y sus emprendimientos. Son expresiones visibles de una riqueza que se produce diariamente.

Lo que las estadísticas todavía no muestran con suficiente claridad es quiénes son sus propietarios, cómo se distribuyen sus rendimientos y cuánto de ese patrimonio podrá alcanzar a las próximas generaciones.

Desde la perspectiva de Piketty, esa información resulta tan importante para comprender el bienestar económico de un territorio como conocer sus salarios, su empleo o su producción.

Y abre una pregunta para Colonia que merece incorporarse a la discusión pública: no solamente cuánto crece su economía, sino quiénes tienen la posibilidad de convertir ese crecimiento en riqueza propia.

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