La industria frigorífica uruguaya atraviesa una situación que parece contradictoria. La carne se vende a precios elevados en el exterior y continúa generando ingresos importantes para el país, pero varias plantas reducen su actividad, envían trabajadores al seguro de paro o enfrentan dificultades para sostener sus costos.
Los datos del Instituto Nacional de Carnes permiten entender esa aparente contradicción. En 2025, Uruguay exportó carne bovina por US$ 2.749 millones, un aumento de 31% respecto al año anterior. La faena alcanzó 2,4 millones de animales y creció 6,4%. Sin embargo, el escenario cambió durante 2026.
Hasta el 12 de setiembre, los frigoríficos habían procesado 1.451.493 vacunos, 14,6% menos que en igual período de 2025. También cayó el volumen exportado. No obstante, la facturación se mantuvo debido a que el precio medio de la carne aumentó 17,6%. Uruguay está vendiendo menos toneladas, pero obtiene más dinero por cada una.
El problema aparece dentro de las plantas. El ganado representa una proporción creciente del valor final obtenido por el frigorífico. En 2025, la hacienda absorbió 80% del valor generado por un novillo, mientras que el llamado valor agregado industrial bajó de 26% a 20%. Ese porcentaje no es ganancia: debe cubrir salarios, energía, transporte, mantenimiento, frío, certificaciones y demás costos.
A esto se agrega la competencia por los animales. Durante 2025 se exportaron vivos 371.210 bovinos, principalmente hacia Turquía. Aunque el stock nacional se mantiene próximo a los 11,6 millones de cabezas, disminuyó la cantidad de novillos de distintas edades disponibles para la industria.
La capacidad tampoco está distribuida de manera uniforme. En 2025 funcionaron 31 establecimientos habilitados, pero las diez plantas más grandes concentraron 70% de la faena. Otras doce, en conjunto, no llegaron al 5%. Cuando baja la actividad, los frigoríficos pequeños o endeudados quedan más expuestos.
Brasil juega como competidor y como propietario de plantas uruguayas. Sus empresas poseen escala mundial y grandes redes comerciales. En 2025, Brasil exportó más de tres millones de toneladas de carne bovina, frente a unas 398.000 toneladas de Uruguay. A la vez, las restricciones impuestas a Brasil en China y la Unión Europea pueden abrir oportunidades para la carne uruguaya o desviar producto brasileño hacia otros mercados.
Los frigoríficos uruguayos tienen futuro, pero no necesariamente todos. La tendencia apunta hacia una industria más concentrada, tecnificada y vinculada a mercados que paguen por trazabilidad, seguridad sanitaria y calidad. El desafío ya no consiste solamente en faenar más animales, sino en obtener mayor valor por cada uno.
