Ciudadela, una red que intenta llegar antes

Por Miguel Guaraglia

En Carmelo, el abordaje del consumo problemático de drogas muestra una realidad que excede ampliamente a las sustancias. Alcohol, marihuana, cocaína y otros consumos aparecen asociados a trayectorias personales, vínculos familiares, violencia, desvinculación educativa, dificultades laborales y falta de alternativas para adolescentes y jóvenes.

En ese escenario, el dispositivo Ciudadela ocupa un lugar central. Su tarea combina prevención, orientación, diagnóstico, atención y derivación, pero también deja a la vista los límites de una respuesta que no puede depender de una sola institución.

La reciente conformación de la Junta Local de Drogas intenta precisamente ampliar esa capacidad de intervención. Municipio, salud, educación, Ministerio del Interior, INAU, Mides y Ciudadela comenzaron a trabajar en conjunto sobre un problema que requiere respuestas coordinadas.

Ciudadela como puerta de entrada

Ciudadela funciona en Carmelo como uno de los principales puntos de referencia para las personas y familias que atraviesan situaciones vinculadas al consumo.

El dispositivo recibe consultas voluntarias, derivaciones desde el sistema de salud y planteos familiares. A partir de allí se realiza una primera evaluación y se intenta construir una estrategia de atención adaptada a cada situación. No existe un tratamiento único.

Hay personas que pueden sostener un proceso ambulatorio, con atención semanal, mientras que en otros casos se evalúa la posibilidad de una internación. También hay usuarios que concurren una o dos veces y abandonan, y otros que logran mantener el tratamiento.

Esa diversidad obliga a abandonar una idea simplificada del problema. No alcanza con detectar qué consume una persona. Es necesario entender qué está ocurriendo en su vida, qué vínculos conserva, cómo está su situación laboral, educativa y familiar, y qué posibilidades reales tiene de sostener un proceso de recuperación.

El problema comienza antes del consumo

Uno de los puntos más relevantes del trabajo de Ciudadela aparece en el contacto con adolescentes y jóvenes.

En los talleres realizados en centros educativos se observa la existencia de consumos exploratorios: jóvenes que prueban alcohol, marihuana u otras sustancias sin que necesariamente exista todavía un consumo problemático.

Eso no significa ausencia de riesgo. Desde el dispositivo se insiste en que todo consumo durante la adolescencia puede tener consecuencias, incluso cuando ocurre de manera ocasional.

Pero también aparece un dato significativo: muchos jóvenes ya conocen las sustancias, sus efectos y parte de sus riesgos. El acceso a internet y a las redes sociales cambió el escenario.La información, por sí sola, no evita el consumo.

Por eso la pregunta central pasa a ser otra: por qué un adolescente consume aun sabiendo que existen riesgos. Las respuestas llevan hacia otros problemas.

Hay jóvenes que crecen en hogares donde el consumo está naturalizado. Otros conviven con situaciones de violencia. Algunos abandonaron el liceo o UTU y quedaron sin una propuesta educativa o recreativa que los contenga. En determinados casos, las propias familias tienen integrantes que consumen o participan de circuitos de venta. La sustancia aparece entonces como una parte de una realidad más amplia.

Los adolescentes que quedan afuera

La desvinculación educativa aparece como uno de los puntos de mayor preocupación.

Los talleres de Ciudadela llegan a los centros educativos cuando docentes, adscriptos o direcciones solicitan una intervención. Allí es posible trabajar con adolescentes que siguen vinculados al sistema. El problema es qué ocurre con quienes ya no están.

En Carmelo hay jóvenes que abandonaron sus estudios porque no encontraron una propuesta adecuada, no lograron adaptarse o simplemente dejaron de asistir. Esa población resulta mucho más difícil de alcanzar mediante los mecanismos tradicionales de prevención.

Desde el territorio se señala además la falta de determinadas alternativas educativas y sociales que existen en otras localidades, como centros juveniles u otras propuestas de acompañamiento. Ese vacío importa.

Si la prevención consiste solamente en advertir sobre los riesgos de las drogas, la respuesta queda incompleta. También es necesario generar espacios educativos, deportivos, culturales y recreativos que ofrezcan pertenencia y otras posibilidades de desarrollo.

Cuando el consumo es el menor de varios problemas

Hay situaciones en las que el consumo no constituye el único ni el principal problema.

Desde Ciudadela se plantea que un adolescente puede consumir marihuana y al mismo tiempo estar atravesado por violencia familiar, abandono educativo, precariedad económica o falta de referencias adultas. En esos casos, intervenir únicamente sobre la sustancia puede resultar insuficiente.

La situación se vuelve todavía más compleja entre personas en situación de calle. Trabajar sobre hábitos, rutinas o reducción del consumo es difícil cuando alguien no tiene asegurado dónde dormir o qué comer. Es allí donde el abordaje de drogas se cruza directamente con las políticas sociales.

El desafío ya no consiste solamente en conseguir que una persona deje de consumir, sino en construir condiciones que permitan sostener ese cambio.

Más prevención, pero con pocos recursos

Ciudadela desarrolla talleres en instituciones educativas y actividades preventivas, pero el propio funcionamiento del dispositivo muestra una tensión.

El equipo está integrado por pocos técnicos y buena parte de la carga horaria se concentra en la atención directa. Eso limita el tiempo disponible para ampliar las tareas preventivas. Al mismo tiempo, la demanda existe.

Los centros educativos convocan al dispositivo cuando detectan consumos dentro o fuera de las instituciones o cuando consideran necesario trabajar el tema con determinados grupos.

La nueva Junta Local de Drogas puede convertirse en una herramienta para distribuir mejor esas responsabilidades y evitar que toda la respuesta recaiga sobre un único equipo.

La articulación entre salud, educación, territorio, instituciones sociales y organismos de seguridad aparece como una de las principales fortalezas que se intenta construir.

Alcohol: el consumo más naturalizado

La prevención inmediata en Carmelo está especialmente enfocada en el alcohol, en el marco de la Noche de la Nostalgia. La elección no es casual.

El alcohol es una sustancia profundamente integrada a las costumbres sociales y, justamente por eso, muchas veces sus riesgos quedan relativizados.

Durante las actividades preventivas se utilizarán lentes que simulan alteraciones en la percepción provocadas por el consumo. La intención es que las personas puedan experimentar de forma práctica cómo cambia la capacidad de observar y reaccionar. Pero el problema no se limita a una noche determinada.

Los datos manejados por Ciudadela indican que el alcohol es la sustancia psicoactiva más consumida en Uruguay y que existe una cantidad significativa de personas con patrones de consumo problemático o nocivo.

La naturalización cultural hace que muchas veces el alcohol quede fuera de la conversación pública sobre drogas, pese a sus consecuencias.

Qué ocurre cuando alguien necesita tratamiento

Cuando el consumo ya afecta vínculos, trabajo, rutinas o vida familiar, comienza otro problema: acceder a una respuesta adecuada. Ciudadela puede evaluar, acompañar y derivar.

En algunos casos el tratamiento es ambulatorio. En otros, la persona solicita o necesita una internación y el equipo puede realizar una postulación a centros residenciales de la Red Nacional de Drogas. Pero la capacidad es limitada.

Según se explicó, existe más demanda que oferta y los residenciales suelen trabajar con cupos completos. Además, Colonia no cuenta con un centro residencial dentro de esa red y las derivaciones deben realizarse hacia otros departamentos.

Montevideo, Maldonado, Durazno, Artigas o Tacuarembó aparecen entre los destinos posibles. La distancia agrega una dificultad adicional para las personas y sus familias.

También existen listas de espera y una serie de evaluaciones previas para determinar si la internación es adecuada y si la persona se encuentra en condiciones de iniciar ese tratamiento.

La salud y las puertas de entrada

Otro desafío es evitar que una persona con consumo problemático recorra distintas instituciones sin encontrar una respuesta.

A nivel nacional se trabaja en protocolos para unificar criterios de atención en las puertas de emergencia y facilitar las derivaciones.

En Carmelo existe coordinación entre el hospital y Ciudadela. Cuando una persona llega al sistema de salud por una situación vinculada al consumo, el dispositivo puede intervenir y realizar una primera valoración.

Sin embargo, el sistema local también enfrenta limitaciones de recursos especializados. La atención de crisis puede resolverse, pero el verdadero desafío comienza después: sostener el tratamiento, conseguir las consultas necesarias, acceder a una eventual internación y acompañar el proceso durante meses.

Después del tratamiento también hay un problema

La recuperación no termina cuando una persona deja de consumir. Ciudadela identifica otra dificultad menos visible: la reinserción.

Quien atravesó un consumo problemático puede haber perdido el trabajo, deteriorado sus vínculos familiares y quedado marcado socialmente por su historia. El estigma puede convertirse entonces en un obstáculo adicional.

La persona puede haber realizado un tratamiento y haber reducido o abandonado determinadas conductas, pero después necesita recuperar empleo, vínculos, rutinas y pertenencia social. Si esa etapa falla, el proceso queda incompleto.

El consumo problemático no se resuelve solamente en una consulta médica o psicológica. También requiere oportunidades.

Carmelo frente a un problema que ya está presente

El estado de situación muestra avances y carencias al mismo tiempo. Carmelo cuenta con Ciudadela, existe coordinación con instituciones educativas y de salud y comenzó a funcionar una Junta Local de Drogas con representación de distintos organismos.

Hay prevención, atención y posibilidades de derivación. Pero también hay adolescentes fuera del sistema educativo, familias que no saben cómo responder, personas en contextos sociales muy complejos, escasez de lugares residenciales, dificultades para sostener tratamientos y barreras posteriores para la reinserción. La red existe, pero todavía debe fortalecerse.

El desafío de fondo no es eliminar completamente la presencia de drogas. Incluso los propios técnicos parten de la idea de que la oferta seguirá existiendo.

La posibilidad de intervenir está, entonces, en reducir la demanda, detectar antes los problemas, generar alternativas y evitar que una trayectoria de consumo termine convirtiéndose en una trayectoria de exclusión. En Carmelo, ese trabajo ya comenzó.

La pregunta es si la estructura institucional, sanitaria, educativa y social podrá crecer al mismo ritmo que una problemática que exige cada vez más respuestas.

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