La digitalización amplió las oportunidades de las pequeñas y medianas empresas, pero también aumentó su exposición a fraudes, robo de datos, interrupciones y accesos no autorizados. Según un informe difundido por ESET, el 45 % de las pymes encuestadas sufrió al menos un incidente de ciberseguridad durante el último año.
El dato expone una dificultad estructural. Las pymes utilizan cada vez más herramientas digitales, servicios en la nube, sistemas de pago e inteligencia artificial, pero suelen contar con menos personal especializado, presupuesto y capacidad de respuesta que las grandes compañías.
Las consecuencias pueden extenderse durante semanas. El estudio señala que el 34 % de las empresas afectadas necesitó entre dos y seis semanas para resolver el incidente. Para una organización pequeña, ese plazo puede implicar pérdida de ventas, suspensión de servicios, costos adicionales y deterioro de la relación con clientes y proveedores.
Entre las principales vías de ingreso aparecen el phishing, las contraseñas débiles, los sistemas sin actualizar y la falta de monitoreo. También crece el uso de herramientas de inteligencia artificial sin controles internos, una práctica que puede facilitar la exposición de información empresarial.
El problema no se resuelve únicamente con la compra de programas de seguridad. La prevención también requiere actualizar sistemas, limitar accesos, respaldar información, capacitar al personal y definir cómo actuar ante un ataque.
La ciberseguridad se convirtió así en una condición de funcionamiento. Para las pymes, prepararse no significa evitar todos los incidentes, sino reducir su impacto y recuperar la actividad en el menor tiempo posible.
