OSE adjudicó la ejecución de obras de potabilización para la remoción de arsénico en 12 localidades de las regiones Centro y Litoral del país, con una inversión superior a los $ 234 millones. El proyecto será financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo y fue adjudicado a la empresa SACEEM, según informó el organismo.
Las intervenciones se realizarán en Santa Catalina, Egaña, Risso, Cañada Nieto y Castillos, en Soriano; Santa Regina y Brisas del Plata, en Colonia; Mangrullo, Radial y Zanja Honda, en San José; y Puntas de Maciel y Pintado, en Florida.
La obra incorpora tecnología de tratamiento con hidróxidos de hierro, un sistema utilizado para remover arsénico mediante adsorción. La medida apunta a fortalecer los procesos de potabilización y a cumplir con las mayores exigencias establecidas por la normativa nacional respecto a este parámetro.
El subgerente de Agua Potable de OSE, Alejandro Iriburo, señaló que las acciones “están alineadas con las mayores exigencias que se han ido incorporando en la normativa nacional respecto al parámetro arsénico”.
La importancia de la intervención está en el tipo de riesgo que busca reducir. El arsénico puede estar presente de forma natural en algunos acuíferos y su presencia en el agua no necesariamente es perceptible para los consumidores. No se trata, por tanto, de un problema que pueda identificarse a simple vista por color, olor o sabor, sino de un parámetro químico que requiere control técnico y tratamiento específico.
Desde el punto de vista sanitario, remover arsénico significa disminuir un riesgo asociado a la exposición prolongada. La Organización Mundial de la Salud ha advertido que el consumo sostenido de agua con arsénico por encima de los valores recomendados puede tener efectos negativos sobre la salud, entre ellos lesiones en la piel, distintos tipos de cáncer y enfermedades cardiovasculares, además de impactos en el desarrollo cuando la exposición ocurre en etapas tempranas de la vida.
En ese contexto, la decisión de intervenir sistemas de pequeñas localidades del interior muestra una dimensión estructural del abastecimiento de agua potable: no alcanza con garantizar continuidad del servicio, sino que también es necesario adaptar los tratamientos a las características naturales de las fuentes utilizadas. En varias zonas del país, el abastecimiento depende de aguas subterráneas, y algunos acuíferos pueden presentar arsénico de origen natural.
OSE informó que, a lo largo de más de una década, desarrolló distintas estrategias para remover arsénico, entre ellas la adsorción, el tratamiento convencional con unidades potabilizadoras de agua y la ósmosis inversa. Esas alternativas muestran que el problema requiere soluciones técnicas diferenciadas según la fuente, la escala del sistema y las condiciones de cada localidad.
Iriburo sostuvo que, “mediante la ejecución del programa de mejora de calidad de sistemas de agua potable, OSE da otro paso importante en el camino que está recorriendo, reforzando el compromiso diario de proteger la salud y mejorar la calidad de vida de la población”.
La frase resume el alcance institucional de la obra, pero también deja planteado un punto central para los consumidores: la calidad del agua potable no depende solo de que el suministro llegue a los hogares, sino de que los parámetros químicos estén dentro de los límites establecidos y sean monitoreados en forma sostenida.
La remoción de arsénico también implica desafíos posteriores a la instalación de la infraestructura. Los sistemas deben operar con controles, mantenimiento y reposición de materiales filtrantes, además de una adecuada gestión de los residuos generados por el proceso de tratamiento. Por eso, el impacto de la obra deberá evaluarse no solo por su ejecución, sino también por su funcionamiento en el tiempo.
La inversión anunciada permite dimensionar la relevancia del tema en la agenda de agua potable. Aunque la información difundida no detalla la cantidad de usuarios alcanzados, los niveles de arsénico registrados por localidad ni el cronograma específico de ejecución, la intervención confirma que la adecuación de los sistemas del interior es una condición necesaria para reducir riesgos sanitarios y fortalecer la confianza pública en el agua de consumo.
Para los usuarios, la obra significa una mejora preventiva frente a un contaminante de exposición crónica. Para OSE, representa una etapa más en la adaptación tecnológica de sus sistemas de potabilización. Y para la política pública, deja en evidencia que la calidad del agua potable exige inversión, control permanente y transparencia sobre los parámetros que pueden afectar la salud de la población.
