El litoral uruguayo deberá seguir con atención la evolución del río Uruguay en los próximos días, luego de que nuevas lluvias intensas en el sur de Brasil volvieran a elevar los niveles aguas arriba y generaran una segunda onda de crecida sobre una cuenca que ya venía cargada.
El fenómeno fue advertido por MetSul Meteorologia, que informó que el río Uruguay continuaba en ascenso en São Borja, en el oeste de Rio Grande do Sul, donde el nivel se ubicaba muy cerca de la cota de inundación. La situación ya provocaba impactos en zonas rurales de ese municipio brasileño, con agua sobre caminos y riesgo de interrupciones en algunos pasos.
Para Uruguay, el dato central no es solo la marca puntual en São Borja, sino la propagación de esa masa de agua hacia el curso medio y bajo del río. La crecida que se registra en territorio brasileño se desplaza aguas abajo y, en los próximos días, puede reflejarse en mayores aportes hacia el embalse de Salto Grande y luego en las zonas ribereñas de Salto, Paysandú, Río Negro y Soriano.
El escenario exige vigilancia porque la nueva onda de caudal llegaría con el río ya elevado. Esto reduce el margen natural de absorción de la cuenca y puede prolongar los niveles altos, aun si en Uruguay no se registran lluvias importantes. En estos casos, el comportamiento del río depende tanto de lo que ocurre en la alta cuenca brasileña como de las maniobras de regulación de Salto Grande y de las condiciones aguas abajo.
En Salto, el río ya mostraba una tendencia ascendente a partir del incremento de la erogación del complejo binacional. Según reportes basados en información del área de Hidrología de la Comisión Técnica Mixta de Salto Grande, el caudal evacuado había sido aumentado y se estimaba que el río podía continuar subiendo en los días siguientes, aunque dentro de los parámetros previstos en ese momento.
La situación no implica, por sí sola, un escenario de emergencia generalizada en Uruguay, pero sí obliga a prestar atención a las zonas bajas, áreas rurales ribereñas, embarcaderos, clubes náuticos, campings, caminos costeros y predios productivos próximos al río. En episodios de este tipo, los primeros efectos suelen observarse en accesos, costas bajas, zonas de pastoreo y actividades vinculadas a la navegación o al turismo de ribera.
También puede haber impactos indirectos. Una crecida sostenida limita el uso de playas, modifica la operativa de puertos menores, afecta la pesca artesanal y obliga a productores ribereños a mover animales o retirar bienes de zonas expuestas. En centros urbanos del litoral, la atención debe concentrarse en los puntos históricamente vulnerables, especialmente si la subida coincide con lluvias locales o vientos que dificulten el escurrimiento.
La clave de las próximas jornadas estará en confirmar cuánto volumen adicional aportarán las lluvias previstas en la zona de nacientes y en el norte de Rio Grande do Sul. Si los acumulados se mantienen altos, la segunda onda de caudal podría sostener la presión sobre el sistema y demorar el descenso del río en territorio uruguayo.
Por ahora, el mensaje para el litoral uruguayo es de seguimiento y prevención. Las familias, productores y operadores que trabajan cerca del río deberían mantenerse atentos a los comunicados oficiales, evitar circular por zonas anegadas y retirar con anticipación vehículos, herramientas, animales o bienes ubicados en sectores bajos.
La crecida todavía se está formando aguas arriba. Su efecto en Uruguay no será instantáneo, pero puede sentirse de manera progresiva. En un río regulado y compartido como el Uruguay, lo que ocurre en Brasil termina marcando, días después, la agenda de vigilancia en la costa uruguaya.
