Diego Bianki: el artista que convierte el juego, el papel y la materia en una forma de mirar

Diego Bianki

Antes de llegar a la Plaza de Toros para ver La fibra que nos mueve, conviene saber que Diego Bianki no es solamente el autor convocado para una intervención sobre celulosa. Es un artista visual, ilustrador, diseñador, editor, escritor y docente nacido en La Plata, Argentina, en 1963, radicado entre Buenos Aires y Colonia del Sacramento desde 1999. Su obra se mueve en una zona poco frecuente: la del libro como objeto artístico, el dibujo como experiencia colectiva y los materiales cotidianos como lenguaje visual.

Bianki —Diego Bianchi en los registros formales— pertenece a una tradición de artistas gráficos que no separan del todo la ilustración, el diseño editorial, la infancia, el juego y el arte contemporáneo. La Fundación Konex lo reconoce como maestro de dibujo, diseñador e ilustrador devenido en editor; también consigna que inició su carrera profesional en la revista Billiken, realizó portadas para la revista dominical de Clarín, cofundó la revista Lápiz Japonés y fue cofundador y director artístico ad honorem de Pequeño Editor, proyecto editorial nacido en Buenos Aires. En 2012 recibió el Premio Konex de Ilustración por su trayectoria en artes visuales.

Su trabajo tiene una particularidad que lo vuelve especialmente pertinente para una intervención sobre celulosa: Bianki piensa con las manos. Sus libros y obras no se apoyan solo en la línea dibujada, sino en procedimientos materiales: collage, objetos intervenidos, texturas, manchas, recortes, piezas móviles, soportes no convencionales y recursos que vienen tanto del taller como de la imprenta. En Rompecabezas, por ejemplo, Pequeño Editor describe su propuesta como un “juego gráfico” que trabaja sobre la diferencia y la idea de comunidad; el libro recibió reconocimientos como Bologna Ragazzi Award for Disability 2016, Outstanding Books for Young People with Disabilities de IBBY y Fundación Cuatrogatos 2015.

Esa relación entre materia, imagen y participación aparece también en su obra reciente. En un texto publicado por Escaramuza sobre Reír en serio, Bianki explicó que trabajó con una paleta reducida de primarios y algunos secundarios, manchas orgánicas, plantillas para generar zonas de textura y pinceladas de tinta negra para delinear personajes. Más que una descripción técnica, esa enumeración muestra una poética: en su obra los materiales no son accesorios, sino parte activa del relato gráfico.

Su carrera editorial también tuvo proyección internacional. Pequeño Editor fue distinguido en 2015 como mejor editorial infantil de América Latina en el Bologna Prize for the Best Children’s Publisher of the Year, y ese mismo año Abecedario, de Ruth Kaufman, Raquel Franco y Diego Bianki, ganó el Bologna Ragazzi Award en la categoría New Horizons.

En Uruguay, Bianki no es una presencia ocasional. El Ministerio de Educación y Cultura lo presenta como maestro de dibujo, artista visual, diseñador e ilustrador, autor de libros ilustrados publicados en Asia, Europa, Latinoamérica y Estados Unidos. Su trabajo se vincula además con Colonia del Sacramento: en 2020 participó junto a Jorge Carbajal y Daniela “Potok” Merladet en la realización de murales instalados en la terminal portuaria de Colonia, obras de gran formato orientadas a representar aspectos culturales y naturales del departamento.

La actividad anunciada para el jueves 16 de julio, a las 11:30, en la Plaza de Toros Real de San Carlos, se presenta como una intervención artística de Montes del Plata creada por Diego Bianki. La propuesta busca acercar la celulosa —un producto central de la actividad forestal-industrial uruguaya— desde una mirada tangible, cotidiana y cultural. Según la información difundida, la obra procura convertir a la Plaza de Toros en un espacio de encuentro entre arte, industria y comunidad.

La elección de Bianki no parece casual. La celulosa, materia que suele permanecer invisible detrás de papeles, cartones, fibras y objetos de uso diario, dialoga con un artista acostumbrado a sacar sentido de aquello que muchas veces se mira sin atención: papeles, formas, fragmentos, restos, manchas, piezas que encajan o se desplazan. Montes del Plata explica que la celulosa está presente en productos cotidianos y es materia prima para papel y cartón; ese dato técnico, llevado al terreno del arte, abre una pregunta cultural: cómo mirar de nuevo lo que está incorporado a la vida diaria.

Para cubrir la actividad, el foco no debería estar solo en la inauguración, sino en el modo en que Bianki transforma un material industrial en experiencia sensible. La pregunta clave será qué operaciones artísticas utiliza: si la celulosa aparece como soporte, como textura, como relato, como volumen, como juego participativo o como metáfora de circulación entre naturaleza, producción y vida cotidiana. Hasta ahora, las fuentes públicas no detallan la materialidad exacta de la intervención; ese dato deberá confirmarse en la propia actividad.

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