Por Miguel Guaraglia
La Escuela Taller de Artes y Oficios que funciona en Carmelo incorporará nuevos cursos orientados a recuperar oficios con demanda laboral y a generar oportunidades de capacitación para jóvenes y adultos. Así lo informó Ricardo Planchón, director de Desarrollo Humano del Gobierno Departamental, en Radiolugares, donde repasó los objetivos del programa, el interés de la población y la necesidad de extender la propuesta a distintas zonas del departamento.
Planchón explicó que la iniciativa busca responder a pedidos realizados por instituciones locales y sectores vinculados al comercio y al trabajo. También subrayó que la Escuela Taller no está pensada exclusivamente para Carmelo, sino para toda la región oeste, incluyendo localidades como Conchillas, Ombúes de Lavalle, Nueva Palmira, Agraciada y zonas rurales.
¿Qué interés ha mostrado la población por estos cursos de oficios?
Nosotros intentamos llevar a la práctica lo que nos plantearon distintas instituciones de Carmelo y también el Centro Comercial. Cuando estuvimos recorriendo la zona, se nos habló de la necesidad de cursos vinculados a instalación sanitaria, reparación de calzado y otros oficios.
El curso de instalación sanitaria comenzó el 6 de abril y entendimos que era importante seguir fortaleciendo la Escuela Taller en Carmelo. La sede es muy buena y queremos darle más vida, porque la región oeste necesitaba una respuesta concreta.
Ahora se anuncian reparación de calzado y construcción en seco. ¿Por qué se eligieron esas áreas?
En el caso de reparación de calzado, vemos que es un oficio que se ha ido perdiendo, pero que sigue teniendo demanda. Hay quienes piensan que hoy todo se compra nuevo y se tira lo viejo, pero no siempre es así. Hay calzados de valor económico o afectivo que la gente quiere arreglar.
Además, cada vez quedan menos personas dedicadas a este oficio. Por eso creemos que formar nuevos zapateros puede ser una oportunidad real de trabajo.
En construcción en seco ocurre algo similar, pero por otra razón: hay una demanda creciente. Las alternativas como el steel framing y otros sistemas de obra rápida permiten construir en menos tiempo y con costos más accesibles. En Carmelo nos plantearon la dificultad de conseguir gente formada en esa área.
¿La idea es que los cursos queden fijos en una ciudad o que roten por el departamento?
La idea es rotarlos. No queremos formar todos los años a 20 personas en el mismo oficio y en el mismo lugar. Buscamos capacitar gente donde realmente exista demanda.
Por ejemplo, reparación de calzado y construcción en seco comenzarán en la zona oeste, pero el año que viene también podrán llegar a Colonia del Sacramento. Además, en 2027 está previsto iniciar tapicería en Carmelo, porque también sabemos que hay pocas opciones en ese rubro.
Estamos trabajando para abrir una Escuela Taller en la zona este del departamento. Allí pensamos en cursos vinculados a mecánica agropecuaria, mantenimiento de maquinaria rural y alambrador, porque son necesidades propias de esa región.
¿Quiénes pueden participar?
Los cursos son gratuitos, para ambos sexos y para personas de distintas edades. Hemos bajado la edad mínima a 15 años y extendido el límite hasta los 65.
Esto es importante porque hay jóvenes que no tienen decidido qué estudiar o que están sin trabajar. Aprender un oficio puede ser una forma de ordenar su tiempo, adquirir una herramienta concreta y proyectar una salida laboral.
También queremos romper con la idea de que determinados oficios son solo para hombres o solo para ciertas edades. En otros cursos hemos tenido desde adolescentes hasta personas mayores, y eso es muy positivo.
¿La Escuela Taller de Carmelo está dirigida solo a vecinos de la ciudad?
No. Es fundamental aclararlo: la Escuela Taller de Carmelo es para toda la zona oeste. Incluye a Carmelo, pero también a Conchillas, Ombúes de Lavalle, Nueva Palmira, Agraciada y localidades rurales.
Estamos analizando la posibilidad de otorgar pasajes o facilitar traslados para quienes tengan dificultades económicas. Incluso se ha conversado la opción de disponer de algún vehículo para zonas rurales donde no existe locomoción regular.
La intención es que nadie quede afuera por no poder pagar un boleto o por vivir lejos.
¿Cómo se contempla la inclusión dentro de estos cursos?
Queremos que sea una propuesta inclusiva. En Carmelo ya tenemos alumnos con discapacidad auditiva y se cuenta con intérprete en lengua de señas para que puedan participar de la formación.
Eso marca un camino. La Escuela Taller tiene que ser un espacio abierto, igualitario y accesible.
Usted ha insistido en que los oficios vuelven a tener un lugar importante. ¿Por qué?
Porque hay una realidad muy clara: durante años se valoró mucho la formación universitaria, y está bien que así sea, pero al mismo tiempo empezaron a faltar personas formadas en oficios.
Hoy cuesta conseguir cerrajeros, tapiceros, carpinteros, herreros, sanitarios o gente capacitada para distintos trabajos manuales. Eso pasa en Colonia, en Carmelo y en muchas partes.
Hay un tema de oferta y demanda. Cuando hay pocos trabajadores formados en un oficio y mucha demanda, ese trabajo se paga bien. Por eso creemos que capacitar en oficios no es una salida menor, sino una oportunidad concreta.
¿Los alumnos salen solo con teoría o también con práctica?
La práctica es una parte central. Queremos que las personas salgan aprendiendo el oficio de verdad.
Por ejemplo, los alumnos del curso de instalación sanitaria en Carmelo vienen avanzando muy bien y realizarán prácticas en lo que será el Centro Esperanza, en los barracones, cerca de la Escuela Taller. La idea es que también puedan hacer allí prácticas quienes cursen reparación de calzado y construcción en seco.
En Colonia, en cursos como carpintería, herrería y albañilería, además se entrega un kit de herramientas al finalizar la capacitación. Eso ayuda a que la persona pueda empezar a trabajar.
Algunos oficios requieren inversión inicial. ¿Se prevé algún apoyo para quienes quieran comenzar?
Sí. Hay oficios que no requieren una inversión grande para empezar, como puede ocurrir con reparación de calzado u otros trabajos que se pueden iniciar en un espacio pequeño. Pero otros, como tapicería, pueden necesitar herramientas o equipamiento.
Por eso estamos trabajando con distintas instituciones, y también con el Banco República y ANDE, para estudiar líneas de crédito o apoyos que permitan a los egresados comenzar su actividad.
¿Cómo se definen los cursos que se abren?
No se definen por capricho. Se toman en cuenta los planteos de las instituciones, la demanda laboral y la opinión de técnicos y profesionales vinculados a la Escuela Taller.
En Colonia hay un equipo técnico y personas honorarias que colaboran mucho, junto a docentes y referentes de la Escuela Taller. Ellos aportan conocimiento y ayudan a definir qué cursos tienen sentido para cada zona.
¿Cuál es el objetivo principal de esta política de formación?
El objetivo es formar personas que realmente puedan trabajar. Que un joven, un adulto o alguien que necesita reconvertirse tenga una herramienta concreta.
También buscamos preservar oficios que son necesarios para la vida cotidiana y que no pueden desaparecer. La Escuela Taller cumple una función social, educativa y laboral. Cuando una persona aprende un oficio, no solo mejora sus posibilidades de ingreso; también gana confianza, disciplina y una oportunidad de futuro.
