Dos denuncias recientes en Colonia muestran una modalidad que se repite: una oferta aparece en redes sociales, la conversación pasa a WhatsApp y el negocio se cierra con una seña. En un caso, una persona transfirió 2.000 dólares por la compra de un automóvil a una supuesta automotora. En otro, un ciudadano giró 4.039 dólares por un contenedor ofrecido por una presunta empresa contactada en Facebook. En ambos hechos, después del pago se perdió el contacto con los vendedores.
La pregunta no es solo por qué alguien transfiere dinero sin conocer a la otra parte. La pregunta es cómo se construye, en pocos minutos, una apariencia de confianza suficiente para desplazar controles básicos. La estafa no empieza en la transferencia: empieza cuando el falso vendedor logra parecer empresa, parecer disponible y parecer confiable.
Desde la semiótica, estos casos funcionan por acumulación de signos: una foto de perfil, un nombre comercial, respuestas rápidas, lenguaje de venta, precios posibles y una conversación ordenada. Ninguno de esos elementos prueba la existencia de una empresa, pero juntos producen una escena reconocible para el comprador. La víctima no cree en la nada; cree en una representación.
La psicología del consumidor ayuda a entender el resto. Las personas suelen decidir con atajos cuando perciben oportunidad, urgencia o familiaridad. Una revisión publicada en Frontiers in Psychology señala que el procesamiento heurístico —decidir con señales rápidas— se asocia con mayor exposición al fraude en línea, mientras que el análisis sistemático ayuda a detectarlo. Otra investigación sobre víctimas de fraude advierte que el estrés, la distracción y la carga cotidiana reducen defensas frente a engaños que, vistos en frío, parecen evitables.
La repetición también responde al entorno. Las redes ofrecen alcance, segmentación y bajo costo para los estafadores. La Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos informó que en 2025 casi 30% de quienes reportaron pérdidas por estafas dijeron que el contacto empezó en redes sociales, y que las compras fueron el tipo más denunciado dentro de esos casos.
La prevención, entonces, no puede limitarse a decir “no transfiera”. Debe enseñar a verificar antes de conversar: razón social, domicilio, teléfono fijo, reputación externa, titularidad de la cuenta bancaria y existencia física del bien. En las estafas digitales, la confianza no se rompe al final; se fabrica desde el primer mensaje.
