La educación uruguaya no pierde alumnos de golpe: los viene perdiendo de a poco

El informe del INEEd sobre trayectorias educativas entre 2013 y 2024 deja una conclusión incómoda: en Uruguay, el abandono no aparece como una ruptura inesperada, sino como el resultado de señales acumuladas que el sistema muchas veces ya tenía delante. La repetición, el rezago, la asistencia, las calificaciones y hasta el uso de plataformas digitales permiten anticipar con bastante claridad quiénes tienen más riesgo de no culminar la educación media.

El dato positivo es que la mayoría de los estudiantes públicos que llegaron a noveno grado en 2018 venía de una trayectoria previa ordenada: el 76,2% había avanzado sin repetir entre 2013 y 2018. También es alentador que el estudio no se limite a describir el problema, sino que propone indicadores concretos para detectar riesgos a tiempo, usando información que ya existe en ANEP, Ceibal y otros registros públicos.

Pero el dato duro aparece después: de esos estudiantes que ya habían llegado a noveno, solo el 39,8% logró un progreso continuo con egreso entre 2018 y 2024. Otro 23,6% avanzó sin culminar, 17,4% tuvo trayectorias intermitentes y 19,2% abandonó poco después de noveno, sin superar el primer año de educación media superior. Es decir: incluso entre quienes ya habían atravesado buena parte del sistema, la culminación sigue siendo el cuello de botella.

Lo más revelador del trabajo es que no todas las repeticiones pesan igual. El rezago en el tránsito de primaria a media aparece como una señal especialmente delicada. Los estudiantes con dificultades en ese pasaje obtienen peores resultados en Aristas, incluso cuando se controlan otras variables. El informe sugiere algo central para la política educativa: repetir séptimo puede tener un efecto más profundo que repetir más adelante.

El diagnóstico más negativo está en las trayectorias de mayor rezago. Entre quienes tuvieron repetición múltiple en educación media básica, el 63,3% abandonó luego en media superior. Entre quienes arrastraban rezago en el tránsito, lo hizo el 55%. Cuando además ya había extraedad en 2013, el abandono trepa por encima del 70% en esos grupos. Ahí el sistema no enfrenta casos aislados, sino patrones previsibles.

También hay un hallazgo especialmente útil: las calificaciones docentes, la asistencia y el uso de CREA predicen mejor la trayectoria posterior que los puntajes de Aristas una vez considerados otros factores. Dicho de otro modo, el sistema no necesita esperar una gran evaluación para advertir riesgos: muchas alertas están en la vida cotidiana del centro educativo.

La lectura de fondo es poderosa. Uruguay no carece de datos; el desafío es convertirlos en intervención temprana. El informe muestra que avanzar de grado no siempre equivale a aprender, y que permanecer inscripto no siempre equivale a estar vinculado. Esa diferencia debería estar en el centro de cualquier discusión seria sobre educación media.

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