Por Rodrigo García
Desde el 1.º de mayo, el cupo anual para compras al exterior pasa a US$ 800 y se mantienen hasta tres envíos por año. El gobierno lo presentó como una ampliación para el consumidor. Puede ser. O puede ser que US$ 800 de cupo no signifiquen US$ 800 de beneficio real, y ahí está el problema.
La Cámara Uruguaya de Couriers (las empresas que reciben los paquetes, declaran los envíos y cobran lo que corresponde) salió este lunes a decir que está «profundamente preocupada» por la falta de definiciones claras y los cambios constantes en la aplicación de la norma. No es un comunicado de rutina. Son los operadores del sistema avisando que el sistema no está listo para funcionar.
El punto más vendido del nuevo régimen es que las compras desde Estados Unidos quedan exoneradas de IVA. Suena bien, el detalle es que esa exoneración aplica solo hasta US$ 200 por envío. Con tres envíos al año, el techo real sin IVA sería US$ 600, no US$ 800. O sea, el cupo sube pero la exoneración se queda donde estaba.
Y eso es lo menos complicado. El otro requisito es que el vendedor del exterior se registre formalmente en Uruguay. No alcanza con que sea un comercio establecido en Estados Unidos, reconocible, con años de operación. Tiene que hacer trámites ante Aduanas uruguayas, eventualmente con representante local. Alguien le tiene que explicar a un vendedor pequeño de Ohio o de Tennessee que vende por Amazon que para despachar tres paquetes al año a Uruguay necesita registrarse presencialmente en un país que probablemente no sabe ubicar en el mapa.
¿Qué va a pasar entonces? La exoneración va a quedar reservada para plataformas con escala suficiente para adaptarse, si es que alguna lo hace, y el usuario común va a descubrir, cuando llegue el paquete, que el IVA se cobró igual. No porque haya comprado mal. Porque el sistema está construido de forma que el beneficio es difícil de ejercer en la práctica.
¿Y por qué un régimen así? Hay que decirlo. El comercio local venía presionando para que se pusieran más palos en la rueda a las compras web. El boom de Temu, el volumen de paquetes chicos y la competencia de precios incomodaron a sectores que tienen más llegada que el consumidor individual. El nuevo régimen les da algo de lo que pedían, envuelto en un mensaje que suena amigable hacia el usuario.
No es que ordenar el mercado sea malo en sí. El crecimiento de las compras al exterior generó problemas reales de infraestructura, de fiscalización, de competencia. Pero ordenar debería significar reglas claras y aplicables. Cuando los propios couriers (que tienen todo el incentivo para que el sistema funcione) salen a decir que no entienden cómo se aplica la norma, el problema ya no se arregla con un comunicado.
Lo concreto es que quien compre desde Estados Unidos esperando no pagar IVA tiene buenas chances de llevarse una sorpresa. No por falta de información, sino porque la exoneración depende de que ocurra algo que probablemente no va a ocurrir. Eso no es un detalle del régimen. Es el régimen.
