Una voz al otro lado del teléfono bastó para poner en marcha una maniobra que terminó con una pérdida de $ 1.198.000. Del otro lado no había un comisario ni una gestión urgente para evitar consecuencias judiciales: había un estafador.
La víctima, una mujer de 73 años, recibió en las últimas horas una llamada de un hombre que se presentó falsamente como jerarca policial. El relato fue tan grave como calculado: su hija, le dijo, había protagonizado un siniestro de tránsito que afectó a una mujer embarazada. Para “arreglar” la situación y frenar supuestas derivaciones legales, debía entregar dinero de inmediato.
La presión surtió efecto. En medio de la angustia, la mujer retiró fondos de una entidad bancaria, los entregó en un punto acordado y luego completó otras operaciones mediante transferencias. Cuando logró verificar la historia, ya era tarde: el perjuicio económico ascendía a un millón ciento noventa y ocho mil pesos uruguayos.
El caso volvió a exponer una mecánica criminal tan conocida como efectiva. El “cuento del tío” no necesita violencia física: opera sobre el miedo, la urgencia y la confianza. Sus autores suelen construir escenas verosímiles, invocar cargos o vínculos familiares y empujar a la víctima a actuar sin consultar.
Personal policial trabaja para identificar a los responsables. Detrás del engaño no hubo improvisación, sino una estafa planificada para convertir una mentira telefónica en $ 1.198.000 muy reales.
