No llegaron con motor ni con apuro. Llegaron a fuerza de brazos, siguiendo el pulso del agua. Cuatro embarcaciones de remo completaron en las últimas horas una travesía desde Tigre, en Argentina, hasta Carmelo, después de dos días de navegación y una parada intermedia en una isla para descansar antes de retomar el cruce.
Según informaron fuentes de Sub Prefectura Carmelo, se trató de cuatro botes de remo: tres con tres tripulantes cada uno y uno con dos, lo que totalizó 11 personas en la travesía.
La llegada llamó la atención por el tipo de viaje y por el esfuerzo que implicó. No fue un traslado rápido ni una navegación de paso, sino una experiencia sostenida por la resistencia física, la organización del recorrido y la necesidad de acompasarse con el río.
En tiempos de velocidad y motores, la escena tuvo algo singular: embarcaciones pequeñas avanzando a remo, con una pausa en una isla y el destino puesto en esta orilla. Desde Tigre hasta Carmelo, el trayecto fue también una forma de habitar el río, de asumir su escala y de llegar despacio, palada a palada.
