El viernes 3 de abril, Carmelo recibirá a una de las figuras más reconocibles del folclore argentino: Oscar Esperanza Palavecino, el Chaqueño Palavecino, nacido el 18 de diciembre de 1959 en Rancho El Ñato, en la provincia de Salta, y convertido desde hace décadas en un emblema de la música popular del norte argentino.
La programación oficial de la Intendencia de Colonia lo ubica esa tarde en el Anfiteatro Román Iturburúa, dentro de las actividades gratuitas de Semana de Turismo.
Hablar del Chaqueño es hablar de una manera de cantar y también de un paisaje. Su nombre artístico no remite a la provincia del Chaco, sino al Chaco salteño, la región cultural y geográfica con la que se identifica. En entrevistas y reseñas biográficas aparece siempre esa marca de origen: el monte, la vida de pueblo, el trabajo duro y una relación muy fuerte con la tradición criolla del norte.
Su carrera comenzó formalmente en 1984, después de una etapa en la que alternó distintos trabajos con sus primeras actuaciones en peñas y escenarios populares. La Cámara de Diputados argentina lo homenajeó este año por sus 40 años de trayectoria, una señal de su peso sostenido dentro del folclore. Ese recorrido largo ayuda a explicar por qué su figura excede la de un simple cantor festivalero: el Chaqueño se volvió, con el tiempo, una referencia de identidad para varias generaciones de oyentes.
Su música habla, sobre todo, de la tierra, la familia, las costumbres, el orgullo de origen y la memoria popular. Ya desde el título de su primer trabajo, Pa’ mis abuelos esta zamba, aparece una de las claves de su repertorio: la raíz familiar y la conexión con una tradición que no se presenta como museo, sino como experiencia viva. En su discografía conviven zambas, chacareras, vidalas y otros ritmos del cancionero folclórico, en un repertorio que alterna la emoción íntima con la celebración colectiva.
Hay, además, un dato que ayuda a entender su lugar dentro de la música argentina: no solo construyó un repertorio propio, sino que también dialogó con figuras centrales del género. En 2008 editó Abrazando al caudillo, un disco dedicado a canciones de Horacio Guarany, uno de los grandes nombres del folclore argentino. Ese gesto lo ubicó de manera explícita dentro de una tradición de cantores populares vinculados al campo, la patria chica y la épica cotidiana del interior.
Otro rasgo de su carrera es su capacidad para mantenerse vigente. En 2024 lanzó ¿Quién me quita lo cantado?, un nuevo álbum de estudio con el que celebró cuatro décadas de camino artístico. Esa permanencia no se explica solo por la nostalgia del público festivalero, sino por una voz y un repertorio que siguen funcionando como puente entre el folclore tradicional y las audiencias masivas.
Su llegada a Carmelo, entonces, no supone apenas la visita de un artista conocido. También trae a escena una forma de entender la música popular: una en la que el canto se apoya en el territorio, en la pertenencia y en una idea de autenticidad muy valorada por su público. En tiempos de circulación veloz y consumos fragmentados, el Chaqueño sigue representando algo infrecuente: la persistencia de una voz que no se desprende de su origen.
