Mercosur-UE: la quesería artesanal de Colonia pone en debate cómo proteger producción, identidad y mercado interno

Fotografía gentileza Semanario Helvecia.

La reunión realizada en el Hotel Nirvana dejó algo más que una discusión sectorial. Puso en escena, con nombres propios y preocupaciones concretas, una de las tensiones que empieza a abrir el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea en la producción nacional: cómo compatibilizar una apertura comercial de mayor escala con la supervivencia de rubros pequeños, arraigados en el territorio y con identidad propia.

Ese fue el eje que atravesó la intervención del senador Nicolás Viera, quien planteó la necesidad de implementar subsidios para proteger a la quesería artesanal uruguaya frente a las asimetrías del mercado. Su planteo no se limitó a una advertencia general sobre la competencia externa. También apuntó al funcionamiento del mercado interno, al cuestionar el rol de Conaprole y describir su presencia como “beligerante”, en referencia a una disputa desigual entre una estructura de gran escala y productores artesanales con menor capacidad de negociación, menor espalda financiera y menos acceso a canales de comercialización.

En ese punto, la nota de Helvecia introduce uno de los aspectos más sensibles del debate: la denuncia de barreras de exclusividad en grandes superficies. Ese señalamiento agrega una dimensión decisiva, porque el problema ya no aparece únicamente ligado al acuerdo internacional o al eventual ingreso de productos europeos más competitivos, sino también a las condiciones con que los pequeños productores logran —o no— colocar sus quesos en el mercado nacional. La discusión, por lo tanto, no se agota en la apertura externa: también alcanza a la distribución, la visibilidad en góndola y la estructura de competencia dentro del país.

Frente a esa mirada, el presidente del INALE, Ricardo De Izaguirre, defendió el modelo cooperativo y el papel de Conaprole, al subrayar que representa al 75% de los productores y que su escala es indispensable para responder a demandas internacionales masivas. Su intervención no negó la preocupación por la quesería artesanal, pero desplazó el foco hacia otro punto: Uruguay necesita volumen, capacidad industrial y concentración de oferta para sostenerse en mercados externos cada vez más exigentes. En esa lógica, la gran cooperativa aparece no como un problema en sí mismo, sino como una herramienta estructural para la inserción internacional del país.

Ahí se ubica el núcleo del conflicto que dejó planteado el encuentro. Por un lado, la defensa de un modelo exportador apoyado en escala, eficiencia y volumen. Por otro, la necesidad de evitar que esa misma lógica termine empujando a la marginalidad a producciones de menor tamaño, que no compiten por cantidad sino por diferenciación, calidad, historia y arraigo territorial.

La insistencia de Viera en proteger productos con identidad nacional, como el queso Yamandú o el Zapicán, va en esa dirección. No se trata sólo de preservar una actividad económica, sino de resguardar bienes productivos que también expresan una historia local, una tradición elaboradora y un saber acumulado en determinadas zonas del país, especialmente en Colonia. En ese punto, la nota muestra con claridad que la quesería artesanal no aparece presentada únicamente como rubro económico, sino también como parte de un patrimonio productivo y cultural que puede quedar más expuesto en un escenario de apertura.

Las autoridades presentes, en cambio, colocaron el acento en otra posible salida: trabajar en denominaciones de origen, mecanismos de protección y procesos de innovación que permitan diferenciar la calidad artesanal frente a la competencia europea. Esa línea sugiere que la respuesta no necesariamente pasaría sólo por subsidios directos, sino también por construir valor comercial en torno al origen, la trazabilidad, la singularidad del producto y su identidad territorial. En otras palabras, si la quesería artesanal no puede competir en escala, deberá fortalecer sus atributos diferenciales para defender espacio en el mercado interno y eventualmente proyectarse en nichos externos.

Ese enfoque abre una discusión más profunda. El acuerdo Mercosur-Unión Europea puede generar oportunidades para algunos sectores de la producción nacional, pero no todos llegan a ese escenario en igualdad de condiciones. La gran industria lechera cuenta con estructura, volumen y capacidad exportadora. La quesería artesanal, en cambio, depende más del mercado interno, de circuitos de venta específicos y de un consumidor que reconozca el valor del producto más allá del precio. Por eso, la preocupación que emerge desde Colonia no es sólo comercial. También es territorial y social.

En departamentos con tradición quesera, la actividad artesanal forma parte del tejido rural, del empleo familiar y de una identidad productiva construida durante décadas. Cualquier cambio que altere su viabilidad impacta no sólo sobre unidades económicas concretas, sino también sobre comunidades, formas de vida y cadenas de valor locales. Esa es una de las principales derivaciones que deja la nota de Helvecia: el acuerdo comienza a ser leído en el territorio no sólo como un tratado internacional, sino como un proceso con efectos directos sobre productores reales, con nombre, escala y localización precisas.

Por eso, el encuentro en el Hotel Nirvana también puede leerse como una señal política. Muestra que en el este de Colonia ya se están articulando espacios para discutir antes de que los efectos de la apertura se consoliden. El dato no es menor: hay un sector que mira el nuevo escenario con preocupación y que busca instalar el tema en la agenda pública, convocando a autoridades, legisladores y referentes técnicos para pensar respuestas posibles.

Lo que queda planteado, entonces, son varias preguntas de fondo. Si habrá políticas específicas para proteger a la quesería artesanal. Si las denuncias sobre exclusividades en grandes superficies derivarán en discusión regulatoria. Si el país avanzará realmente en figuras de protección como denominaciones de origen o sellos de identidad. Y, sobre todo, si Uruguay podrá combinar una estrategia exportadora de escala con otra capaz de preservar la diversidad productiva y el peso económico, social y cultural de sus pequeños elaboradores.

La nota de Helvecia cobra valor precisamente por eso: porque toma un debate global y lo baja a un territorio concreto, con actores definidos y tensiones visibles. Lo que allí aparece no es sólo una controversia entre un senador, autoridades y una cooperativa. Lo que aparece es una pregunta más amplia sobre el modelo de desarrollo que acompañará al acuerdo Mercosur-UE y sobre qué lugar ocuparán, en ese nuevo mapa, las producciones artesanales que forman parte de la identidad nacional.

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