La deuda de la cultura carmelitana con Adolfo Bioy Casares

La sociedad carmelitana le debe un reconocimiento al escritor Adolfo Bioy Casares, Premio Cervantes de Literatura.

 

Por Elio García |

La ciudad de Carmelo le debe un homenaje, al escritor Adolfo Bioy Casares (Buenos Aires, 1914 – 1999) es el único Premio Cervantes de Literatura que escribió un cuento con el nombre de nuestra ciudad. Se trata de literatura fantástica, lo publicó en 1986 e incluso hay una película.

 

Me refiero a “Planes para una Fuga al Carmelo”, una historia fantástica donde aborda el tema de la inmortalidad, en una ficción literaria donde se menciona  que por estas tierras descubrieron cómo frenar la vejez e incluso más adelante, la muerte; convirtiendo este lugar en el mundo,  en una población de eternos ancianos.

 

La doctora en lingüística Lisa Block de Behar en su libro “De la amistad y otras coincidencias: Adolfo Bioy Casares en Uruguay” advierte que en “Planes para una fuga al Carmelo” (1986), Bioy no nombra el departamento de Colonia ni una sola vez, en cambio para designarlo dice varias veces: «la otra Banda».

 

Block asegura que para Bioy Casares nuestro país no solo era el Uruguay, sino hay cierta nostalgia histórica a lo que fue la “Banda Oriental”, centrando un “aquí” en Buenos Aires, pero un “más allá”,  muy próximo a sus afectos, “al alcance de todos quienes se propongan alcanzarlo” y ese lugar es “la otra banda.”

 

El tema de la vejez fue recurrente en este escritor y su abordaje es bastante complicado para explicarlo en pocas palabras. En su libro “Diario de la guerra del cerdo” Bioy Casares enfrenta en una guerra a jóvenes y ancianos, temática que se reiterará en otras de sus obras.

 

En “Planes para una fuga al Carmelo” hay entonces un viaje a un territorio fantástico, donde surge nuevamente esa irreconciliable postura de diálogos entre jóvenes y adultos mayores

 

“- Alrededor de los dos países del Río de la Plata, se formaron dos bloques aparentemente irreconciliables, que hoy se reparten el mundo. Los enemigos nos llaman jóvenes fascistas y, para nosotros, ellos son moribundos que no acaban de morir. En el Uruguay la porción de viejos aumenta.”

 

Así es que la ficción ubica a Carmelo en un espacio de vida eterna, donde tal vez no existan cementerios e imagino yo, ya que el lector puede darse también ciertas libertades de interpretación, Bioy Casares presenta, a su modo, un tema aún inconcluso, que es nuestro relacionamiento con los adultos mayores.  Lo dicen los censos, se percibe en cada ciudad, el envejecimiento de la población es una realidad.

 

Bioy Casares cruza a ese mundo mágico, lo inventa, lo desmenuza, lo agranda o la transforma en una caricatura, no lo sé, pero ese escritor enorme lo dejó escrito, nuestra ciudad es protagonista de un cuento y aparece en la hoja del libro. Y en un escritor universal me imagino a un lector en Londres, Madrid, Caracas o donde sea, leyendo este diálogo:

“- ¿Qué arreglaron?
– El cruce al Carmelo.
– ¿En el Uruguay? preguntó Hernández para ganar tiempo,
– Evidentemente, contestó Leonor. – Un lanchero nos espera en el Tigre, para llevarnos a la otra Banda.”

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