La Policía llevaba semanas intentando esclarecer el homicidio de un joven de 27 años ocurrido el 10 de agosto en Carmelo. La investigación condujo hasta I.G.E., pero antes de ser localizado el hombre se presentó voluntariamente ante los investigadores y admitió ser el autor. La Justicia lo condenó a siete años de penitenciaría.
Durante semanas hubo una muerte y una investigación tratando de reconstruirla.
Un joven de 27 años había sido asesinado el 10 de agosto en Carmelo y la Unidad de Investigaciones de Zona III trabajaba para establecer la autoría. Las actuaciones policiales terminaron señalando una dirección y un sospechoso: I.G.E.
Los efectivos allanaron una vivienda mientras buscaban al hombre. No lo encontraron, pero dentro del inmueble incautaron una motocicleta, cinco teléfonos celulares, una balanza de precisión y 130.040 pesos.
También encontraron un envoltorio con una sustancia blanca. El análisis realizado por la Brigada Departamental Antidrogas determinó que contenía 391 gramos de clorhidrato de cocaína.
Pero el hombre requerido seguía sin aparecer.
La investigación y la confesión se encontraron
El giro llegó después. Al saber que era buscado por las autoridades, I.G.E. se presentó voluntariamente ante la Unidad de Investigaciones.
Allí, según la información policial, admitió haber sido el autor del homicidio. También reconoció como propia la droga encontrada durante el allanamiento.
Ese momento resulta central para comprender la resolución del caso: quien admitía el crimen no era una persona desconocida hasta entonces para los investigadores. Era el hombre al que la Policía ya estaba buscando como sospechoso.
La información difundida no detalla qué evidencias habían permitido individualizarlo ni qué declaró sobre las circunstancias o el móvil del asesinato. Por eso tampoco puede establecerse que la cocaína incautada explique el homicidio.
Después de la confesión intervino la Fiscalía Letrada de Carmelo y el hombre compareció ante la Justicia.
I.G.E. fue condenado a siete años de penitenciaría por homicidio especialmente agravado, en reiteración real con comercialización de estupefacientes.
La investigación consiguió así responder una de las preguntas abiertas desde el 10 de agosto: quién había cometido el homicidio.
La Policía había llegado hasta un sospechoso. El sospechoso terminó llegando hasta la Policía. Y allí admitió el crimen que los investigadores intentaban esclarecer.
