Colonia quiere que sus edificios vuelvan a tener vida

Casa Pou tendrá un uso compartido entre la Intendencia y el Ministerio de Educación y Cultura, mientras que la histórica ex Usina del Real de San Carlos podría dejar atrás su función de depósito. Detrás de esos acuerdos aparece una discusión mayor: cómo hacer que el patrimonio de Colonia no sea solamente algo que se conserva, sino algo que vuelve a suceder.

Por Lic. Elio García Clavijo

Hay edificios que sobreviven y edificios que siguen viviendo. La diferencia no siempre está en el estado de sus paredes.

Una construcción puede conservarse, permanecer en pie y formar parte de la memoria de una ciudad, pero haber perdido la función que alguna vez la conectó con las personas. En Colonia, donde el patrimonio forma parte de la identidad y también de la economía turística, esa diferencia adquiere un significado particular.

Dos edificios están ahora en el centro de esa discusión: Casa Pou y la antigua Usina del Real de San Carlos.

La reunión mantenida este miércoles 19 entre el intendente de Colonia, Guillermo Rodríguez, y la subsecretaria del Ministerio de Educación y Cultura, Gabriela Verde, dejó acuerdos concretos sobre ambos inmuebles y abrió una perspectiva que va más allá de una agenda administrativa.

La pregunta que aparece detrás es qué hacer con los lugares que una sociedad decidió conservar.

Casa Pou: ocupar el patrimonio

El acuerdo más concreto refiere a Casa Pou. La Intendencia de Colonia y el Ministerio de Educación y Cultura resolvieron avanzar en la utilización conjunta del inmueble, con la intención de desarrollar allí actividades permanentes y otras de carácter eventual.

Todavía no se informó cuáles serán esas actividades ni cómo se distribuirá el uso del espacio. Por eso sería apresurado definir ahora qué perfil cultural tendrá la casa. Pero la decisión contiene una idea relevante: el patrimonio necesita uso.

Preservar un edificio evita su desaparición. Habitarlo culturalmente puede devolverle una función.

La diferencia importa especialmente en una ciudad como Colonia del Sacramento, donde buena parte de la conversación sobre cultura inevitablemente termina encontrándose con la arquitectura, la historia y la conservación. El desafío consiste en evitar que esa riqueza quede reducida a escenario.

Un edificio patrimonial puede ser observado. También puede convertirse en un lugar donde se produzcan encuentros, exposiciones, actividades y nuevas experiencias. El acuerdo sobre Casa Pou apunta, al menos en su formulación inicial, hacia esa segunda posibilidad.

La ex Usina y la oportunidad de dejar de ser depósito

El caso de la antigua Usina del Real de San Carlos resulta todavía más gráfico. El planteo acordado entre la Intendencia y el Ministerio es que el histórico edificio deje de utilizarse como depósito y pueda transformarse en un espacio multipropósito renovado.

Para avanzar en esa dirección se retomarán las gestiones ante UTE. Por ahora se trata de una intención y no de una obra anunciada. No fueron comunicados presupuesto, proyecto arquitectónico, calendario ni características definitivas del futuro espacio. Pero incluso en esta etapa preliminar hay una decisión conceptual interesante.

Una usina es, por definición, un lugar construido para producir. Convertida en depósito, pierde esa relación original con la actividad. Recuperarla como espacio de uso público supondría darle otra clase de producción: ya no energética, sino posiblemente cultural, social o comunitaria, según el destino que finalmente se establezca.

Y eso ocurre en un lugar que ya atravesó una transformación importante.

El Real de San Carlos como laboratorio

El Real de San Carlos permite observar en escala reducida una cuestión que atraviesa buena parte de las ciudades históricas: qué ocurre después de recuperar un edificio.

La revitalización de la Plaza de Toros y el Frontón forma parte del proceso que Colonia presentará ante visitantes internacionales interesados en conocer su experiencia. Ahora la antigua Usina podría incorporarse a esa secuencia.

No se trata únicamente de restaurar construcciones aisladas. Si los proyectos logran relacionarse entre sí, el Real puede consolidarse como un conjunto en el que diferentes piezas patrimoniales recuperen funciones contemporáneas. Eso cambia la lógica.

El patrimonio deja de entenderse solamente como una colección de objetos del pasado y comienza a pensarse como territorio.

Es una distinción importante porque un edificio recuperado puede atraer visitantes. Varios espacios conectados entre sí pueden modificar la dinámica de una zona.

La reunión con el Ministerio incorporó precisamente otra herramienta para pensar esa escala mayor: las denominadas Rutas UNESCO.

Una ciudad que empieza a pensarse como recorrido

La Intendencia y el Ministerio acordaron trabajar sobre Rutas UNESCO desde dos dimensiones que en Colonia están inevitablemente relacionadas: la cultural-patrimonial y la turística.

El concepto de ruta introduce una mirada diferente a la del monumento individual. Una ruta conecta. Permite relacionar lugares, construir un relato entre ellos y hacer que el visitante comprenda que lo que está viendo no son piezas independientes sino partes de una historia.

Para Colonia, esa posibilidad tiene especial interés. El Barrio Histórico concentra buena parte del reconocimiento internacional, pero el departamento posee otros bienes, paisajes y espacios capaces de integrarse a una narrativa patrimonial más amplia.

El desafío será que esa construcción no quede limitada a una etiqueta turística. Una ruta cultural funciona cuando existe algo que contar entre un punto y otro. El recorrido físico necesita también un recorrido histórico.

Angola mira hacia Colonia

En medio de los asuntos locales apareció un dato inesperado: Angola. Gabriela Verde informó que existe interés del ministro de Cultura de ese país africano en visitar Colonia del Sacramento durante este año.

El interés, según lo comunicado, está puesto en conocer el Barrio Histórico y su plan de gestión, además del proceso de revitalización del Real de San Carlos, particularmente la Plaza de Toros y el Frontón. El anuncio introduce otra escala en la conversación.

Colonia está acostumbrada a mirarse desde su condición de ciudad patrimonial. Menos habitual es pensarla como un lugar cuya experiencia puede ser observada desde el exterior para estudiar cómo se administra y recupera patrimonio histórico.

La eventual visita del ministro angoleño tiene además una resonancia particular, aunque la información oficial disponible no permite todavía conocer el alcance que tendrá el intercambio ni los asuntos específicos que integrarán su agenda.

Por ahora, el dato comprobable es el interés. Y ese interés coloca a Colonia no solamente como destino, sino también como experiencia a observar.

2027, otra ventana internacional

La dimensión exterior podría continuar el próximo año. Verde adelantó que Colonia recibirá una invitación de la Secretaría General Iberoamericana para participar en 2027 de un encuentro de sitios patrimoniales.

Tampoco se conocen todavía los detalles del encuentro, por lo que no corresponde anticipar su alcance.

Pero la sucesión de movimientos resulta significativa: Rutas UNESCO, un encuentro iberoamericano de sitios patrimoniales y el interés de una autoridad cultural extranjera en conocer la gestión del Barrio Histórico y las intervenciones realizadas en el Real de San Carlos.

Colonia empieza a aparecer en estas conversaciones no solamente por aquello que heredó, sino por lo que está haciendo —o pretende hacer— con esa herencia.

El patrimonio después de la foto

La reunión entre Rodríguez y Verde, de la que también participaron los directores Jorge Torres Badell y Alfredo Martínez Izquierdo, podría resumirse administrativamente en cuatro asuntos: Casa Pou, la ex Usina, Rutas UNESCO y relaciones internacionales.

Pero detrás de esos puntos existe una discusión cultural bastante más interesante. Durante décadas, una parte esencial de las políticas patrimoniales estuvo dedicada a impedir pérdidas: conservar, restaurar, proteger.

Ese trabajo continúa siendo indispensable. Sin embargo, una vez que un edificio fue salvado aparece una pregunta más difícil: ¿para qué?

Casa Pou necesita contenido además de conservación. La ex Usina necesitará un proyecto además de una restauración si finalmente avanza su recuperación. El Real de San Carlos necesita conexiones entre sus espacios además de edificios individualmente revitalizados. Y las Rutas UNESCO necesitarán un relato capaz de explicar por qué esos lugares pertenecen a una misma experiencia. Ahí estará la medida de lo que viene.

Porque una ciudad histórica puede convertir su pasado en una pieza inmóvil o utilizarlo como materia para producir cultura contemporánea. Colonia tiene ahora varios edificios esperando esa segunda vida.

Y tal vez la discusión cultural más interesante empiece precisamente allí: cuando se termina de restaurar la pared y hay que decidir qué ocurre adentro.

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