Diputada Nibia Reisch (PC): «Si la política paga como un maestro, terminan decidiendo los que tienen plata”

Foto tomada del Facebook de Nibia Reisch.

Por Miguel Guaraglia

En esta entrevista, el eje pasa por una pregunta incómoda: cuánto gana el sistema político, qué gastos mantiene el Estado y si existe una distancia injusta entre los ingresos de diputados, senadores y otros cargos públicos frente a los sueldos y jubilaciones de buena parte de la población. Nibia Reisch reconoce que hay gastos que deben revisarse, pero advierte que bajar demasiado las remuneraciones parlamentarias puede dejar la política en manos de quienes ya tienen recursos propios.

—Vos venís planteando que hay que bajar el gasto del Estado. ¿Dónde ves ese gasto que se puede recortar?

—Yo creo que hay que bajar el gasto del Estado. Hay que revisar la representación en el exterior, los viajes, los viáticos. No digo que el país no tenga que estar representado, pero tenemos que preguntarnos si es necesario que viajen 14 o 15 diputados a una actividad internacional. ¿Qué le aporta eso al uruguayo?

Yo entiendo que el Parlamento tiene que hablar de los problemas de la gente. Tenemos que hablar del costo de vida, de que la gente no llega a fin de mes, de las demoras para conseguir especialistas, de la inseguridad, de los comercios que no pueden pagar más impuestos. Para no cargar más a la gente, tenemos que achicar el Estado.

—Cuando se habla de achicar el Estado, mucha gente mira primero al sistema político. ¿Hay privilegios?

—Hay cosas que hay que revisar. Yo no viajo, pero somos pocos los que no viajamos. No puede ser que se le pida al pueblo que pague impuestos, mientras hay legisladores que andan para arriba y para abajo. Tenemos que estar a tono con lo que está pasando.

También hay otros gastos. Vos vas a una actividad y llega un auto oficial con chofer. Después llega otro jerarca en otro auto con otro chofer. Después llega una camioneta con un equipo de comunicación. Cada ministerio y cada área tiene su equipo, su comunicación, sus vehículos, sus funcionarios. Cuando querés acordar, tenés 20 o 30 personas dando vueltas en una actividad. Hay que empezar a sumar todo eso.

—Mientras falta plata para salud, seguridad, cuidados o controles, el sistema político parece vivir con otra comodidad. ¿Lo ves así?

—Depende de quién. No voy a negar que hay gente que sí tiene privilegios o gastos que no se justifican. Hay legisladores que viajan muchísimo. Hay gastos que generan malestar y hay que analizarlos.

Pero cuando hablo del gasto del Estado no hablo solo de los legisladores. Hablo de todo el sistema público. Hablo de estructuras que se duplican, de equipos que se repiten, de gastos que se multiplican. Estoy estudiando eso y tengo un equipo trabajando para proponer cómo bajar gastos del Estado.

—También se planteó el tema de los sueldos. ¿Es justo lo que gana un legislador frente a otros salarios?

—Yo creo que hay que analizar todo. Dentro del gasto del Estado también están los sueldos del sistema público. Y hay gente que cobra mucho más que un legislador. Hay que mirar todo el sistema.

Ahora, también digo algo: mejoremos los sueldos en lo que se pueda mejorar. Pero para eso hay que bajar el gasto del Estado. Si no bajamos el gasto, siempre la respuesta va a ser que no hay plata.

—La diferencia no está solo en el cargo, sino en el sueldo sobre el que después se aporta. ¿Qué pasa con las jubilaciones de los legisladores?

—Ahí hay un error que se repite. La gente dice que los legisladores se jubilan con jubilaciones de privilegio, y eso no es así. Nosotros tenemos la jubilación topeada, como cualquier jubilación del BPS. No hay una jubilación especial sin tope por ser legislador.

Después se puede discutir el sueldo sobre el que se aporta, y eso forma parte del análisis general. Pero no es correcto decir que hay una jubilación de privilegio como muchas veces se instala.

—¿El salario legislativo debería compararse con el de un maestro, un trabajador o un jubilado?

—A veces se dice: “Que trabajen con el sueldo de un maestro”. Pero nadie tiene idea de los gastos que también implica hacer política. Y además hay que mirar qué consecuencia tendría eso.

Si un legislador gana como un maestro, ¿quién va a poder estar en política? Va a poder estar la gente que tiene plata, la gente que puede bancarse los gastos de una actividad política aunque cobre poco. Entonces terminan decidiendo los ricos. Terminas dejando la política en manos de quienes tienen recursos propios.

—Entonces, ¿bajar mucho los sueldos políticos podría ser contraproducente?

—Yo creo que sí, si se hace sin pensar las consecuencias. No estoy diciendo que no haya que analizar los sueldos. Estoy diciendo que no se puede mirar una sola parte y olvidarse de todo lo demás.

Si queremos que en el Parlamento haya gente de distintos sectores, gente que no venga solo de familias con dinero o con respaldo económico, también tenemos que cuidar que la actividad política no sea posible únicamente para quienes pueden financiarla por su cuenta.

—También se habla de achicar el Parlamento. ¿Estás de acuerdo?

—Se puede discutir. Pero hay que entender qué hace un diputado. Una de nuestras funciones es controlar al gobierno. Si bajamos 30 diputados, también estamos bajando la capacidad de control sobre los gobiernos.

Entonces hay que tener cuidado. Porque capaz que la consigna parece linda, pero después el resultado es que se controla menos al poder. Y el Parlamento tiene que controlar.

—¿Dónde está, entonces, el equilibrio?

—El equilibrio está en revisar los gastos que no se justifican, bajar lo que se pueda bajar, ordenar el Estado y dejar de duplicar estructuras. Hay que mirar viajes, viáticos, autos oficiales, choferes, equipos de comunicación, cargos, reparticiones y salarios altos dentro del sistema público.

Pero también hay que cuidar la representación. La política no puede ser un lugar de privilegios, pero tampoco puede transformarse en una actividad reservada para quienes ya tienen plata.

—La pregunta de fondo sigue siendo si el sistema político está demasiado lejos de la realidad de la gente.

—Yo entiendo ese planteo. La gente no llega a fin de mes, tiene problemas para atenderse en salud, vive insegura, paga impuestos y siente que el Estado no responde. Por eso digo que hay que bajar el gasto del Estado y poner el foco en los problemas reales.

Pero también digo que el debate tiene que ser serio. Hay que revisar privilegios y gastos, sí. Hay que analizar sueldos, también. Pero sin caer en soluciones que después terminen dejando las decisiones en manos de unos pocos.

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