Hay artistas que no buscan cambiar el paisaje, sino el lugar desde donde lo miramos. Pablo Ferrari parece trabajar desde ahí: desde el puente de Carmelo, desde una azotea posible, desde la memoria de una imagen vista hace años, desde la pintura antigua y también desde las nuevas formas de mirar que trajo la tecnología.
En entrevista con Radiolugares, antes de la inauguración de su muestra “Equivalencia”, Ferrari habló de pintura, de Vermeer, de la cámara oscura, de los drones, del puente giratorio y de una ciudad que, sin dejar de ser la misma, empieza a ofrecer otras perspectivas.
La muestra se inaugura este viernes 29 de mayo a las 19 horas en el Archivo y Museo del Carmen. Permanecerá abierta durante el mes de junio y podrá ser visitada por todo público.
“Equivalencia” es una palabra que sugiere comparación. ¿Qué se pone en relación en esta muestra?
La idea de «equivalencia» aparece porque hay cuadros que dialogan entre sí. Cuando uno habla de equivalencia piensa en dos partes, como en una balanza. Pueden ser dos mundos: la imaginación y la realidad, lo que está lejos y lo que está cerca, lo que sucede en otra ciudad y lo que, de pronto, descubrimos que también sucede acá.
A veces miramos una escena de otro lugar y decimos: “Eso también pasa en Carmelo”. Ese reconocimiento me interesa. La muestra trabaja con esas situaciones parecidas, con esas imágenes que parecen venir de afuera pero que también están en nuestra vida cotidiana.
En la exposición conviven obras antiguas y obras recientes. ¿Por qué volver a cuadros de hace años?
Algunas obras ya las había mostrado hace unos 20 años. Sentí que tenía que sacarlas otra vez, que tenían que volver a circular. Pero no solas: quería que fueran acompañadas por pinturas actuales, hechas ahora.
Eso permite ver qué cambió y qué permanece. Cambia la forma de mirar, cambia la manera de pintar, cambian los temas. Pero también hay nexos, cosas que siguen ahí. La exposición permite mirar ese diálogo entre una obra de antes y una obra de ahora.
Tu hablas mucho de mirar. No solo de pintar. ¿Carmelo cambió o cambió la forma en que la miramos?
Carmelo cambió, claro. Pero hay que ser observador para darse cuenta. Por ejemplo, hoy hay edificios de altura cerca del puente. Eso genera nuevas vistas. Antes estábamos acostumbrados a ver el puente desde la rambla o desde las orillas del arroyo. Ahora aparecen miradas más altas, más aéreas, casi cenitales.
Eso cambia la experiencia. El puente es el mismo, pero la forma de verlo no. Y cuando cambia la forma de mirar, también cambia lo que sentimos frente a ese lugar.
El puente aparece como una imagen central. ¿Qué encontraste ahí?
El puente es algo que todos los carmelitanos llevamos en el corazón. Es una carta de presentación de la ciudad. Pero además es un lugar donde pasan muchas cosas al mismo tiempo: autos que cruzan, embarcaciones que pasan por el arroyo, barcos que esperan que el puente se abra, botes de remo.
Hay una confluencia de actividades, de transportes, de movimientos. Es entrada y salida de la ciudad. Por eso vuelve una y otra vez como tema. En la exposición hay cuadros en los que aparece el puente de Carmelo y también otros puentes, otras escenas parecidas, con botes y ciudades que dialogan con esta.
¿Se puede viajar sin moverse?
Sí, esa es una de las preguntas. A veces creemos que para mirar algo nuevo hay que irse lejos. Pero tal vez no. Tal vez alcanza con mirar desde otro lugar, desde otra altura, desde un edificio que antes no existía, desde una perspectiva que nunca habíamos tenido.
Uno puede sentirse en otra ciudad mirando la propia ciudad de una manera nueva. Eso también es parte de la equivalencia: descubrir que Carmelo puede ofrecer escenas que asociamos con otros lugares del mundo.
Mencionas mucho a Johannes Vermeer. ¿Qué te interesa de él para pensar su propia pintura?
Vermeer fue un pintor holandés que trabajó con una mirada muy avanzada para su tiempo. Usó recursos ópticos, lentes, cámara oscura. Eso le permitió mirar de otra manera y trasladar esa imagen a la tela.
Cuando uno ve sus cuadros, parece que estuviera frente a una imagen moderna, casi fotográfica, y sin embargo son pinturas del siglo XVII. Para mí eso es muy fuerte: muestra cómo la tecnología también forma parte de la historia de la pintura.
¿La tecnología no empobrece la pintura?
No necesariamente. Los avances tecnológicos no se pueden dejar afuera de la vida. También forman parte del arte, del cine, de la pintura. Yo sigo saliendo a pintar al aire libre y me gusta mucho hacerlo, pero también me interesa lo que ocurre dentro del taller: trabajar con proyector, fotografía, fotocopias, lentes.
Hay una “cocina” del arte que muchas veces no se cuenta. Pero los pintores siempre han usado herramientas. Vermeer usó las de su tiempo. Hoy existen otras. La pregunta es qué hace el pintor con eso.
En la conversación aparece el dron como una forma nueva de mirar. ¿Puede ser también una herramienta pictórica?
Depende. Una imagen tomada con dron puede parecerse mucho a una foto tomada desde la azotea de un edificio alto. En ese caso, para mí, puede ser una referencia válida, porque la mirada sigue teniendo una equivalencia con algo que una persona podría ver desde una altura.
Pero hay imágenes de dron que ya no pertenecen a una experiencia humana posible. Por ejemplo, una toma exactamente desde el centro del puente, en un punto donde uno no podría estar parado. Ahí cambia la cosa. Me interesa discernir esos límites.
Entonces el problema no es la tecnología, sino desde dónde se mira.
Exactamente. La tecnología puede abrir una mirada, pero también puede alejarla de la experiencia humana. La pintura, para mí, todavía tiene que conservar algo de esa posibilidad: que el pintor pueda ubicarse, aunque sea imaginariamente, en ese lugar desde donde mira.
¿Hay una obra que resuma la muestra?
Hay dos o tres cuadros vinculados al puente que podrían resumirla. Porque allí aparece Carmelo, pero también aparece la comparación con otras ciudades. Están los botes, el agua, el puente, las alturas, la transformación urbana.
A veces viajamos y sacamos fotos de escenas que nos llaman la atención, pero después descubrimos que en Carmelo tenemos algo parecido. Eso me interesa mucho: mirar lo cotidiano como si fuera nuevo.
¿Qué esperas que encuentre el público?
Espero que encuentre pintura, pero también una forma de mirar. La muestra es para todo público. Pueden ir escuelas, liceos, familias, cualquier persona que quiera tener una jornada de visualización y de encuentro con la pintura.
Me interesa que el espectador pueda salir con una pregunta: cómo miramos, desde dónde miramos y qué cosas de la ciudad pasan desapercibidas hasta que alguien las pone en foco.
“Equivalencia” se inaugura este viernes 29 de mayo a las 19 horas en el Archivo y Museo del Carmen. La entrada es libre y gratuita. La muestra permanecerá abierta durante el mes de junio.
