La recorrida prevista incluiría Montevideo y Florida, donde se encuentra el santuario de la Virgen de los Treinta y Tres, y sumaría un departamento del norte del país que todavía debe definirse entre Rivera y Paysandú. La Conferencia Episcopal del Uruguay señaló que existe una “alta probabilidad” de que el viaje se concrete, aunque aclaró que aún no cuenta con una fecha oficial.
La eventual llegada del sumo pontífice tendría un peso que excede el plano estrictamente religioso. En un país de tradición laica, una visita papal obliga a articular al Estado, la Iglesia, los gobiernos departamentales y los organismos de seguridad en una agenda común, con decisiones logísticas, protocolares y de convocatoria pública.
Florida aparece como uno de los puntos centrales del recorrido por su vínculo histórico con la Virgen de los Treinta y Tres, patrona de Uruguay. En noviembre de 2025, León XIV envió un mensaje a la Iglesia uruguaya por los 200 años de esa devoción, en el que vinculó las raíces cristianas con la historia y la libertad del país.
La elección de un tercer departamento del norte también tiene lectura territorial. Rivera o Paysandú permitirían ampliar la visita más allá del eje Montevideo-Florida y llevar la presencia papal hacia zonas de frontera o del litoral, con comunidades que quedarían incorporadas a una agenda nacional de alto impacto público.
El antecedente inmediato remite a Juan Pablo II, que visitó Uruguay en 1987 y volvió en 1988, cuando recorrió Montevideo, Melo, Florida y Salto. Desde entonces, Uruguay no volvió a recibir a un papa en territorio nacional.
El dato central, sin embargo, sigue siendo la cautela. El Vaticano debe comunicar oficialmente la visita a la Conferencia Episcopal del país anfitrión, y hasta ahora no se informó la fecha exacta ni el tiempo de permanencia de León XIV en Uruguay.
De concretarse, la visita pondría a Uruguay nuevamente en el mapa regional del Vaticano y abriría una etapa de preparación institucional. Para Florida, significaría colocar al santuario mariano en el centro de una convocatoria nacional. Para el norte, la definición entre Rivera y Paysandú marcará qué territorio recibirá una presencia papal que, por su escala, tendrá efectos religiosos, sociales y organizativos.
