Por Lic. Elio García Clavijo
Un comunicado oficial suele tener una virtud y un problema: ordena la información, pero también la domestica. No necesariamente miente. Muchas veces hace algo más eficaz: cuenta lo suficiente para dejar constancia de actividad institucional y omite lo necesario para que el lector evalúe su importancia.
El texto de la Comisión Interdepartamental de Personas Mayores del Congreso de Intendentes es un buen ejemplo. Su estructura es clásica: una institución se reúne, se informa una agenda amplia, se enumeran participantes, se mencionan temas nobles —derechos, cuidados, inclusión, bienestar— y se cierra con una frase de continuidad. Todo suena correcto. También suena impermeable.
El comunicado dice que hubo una sesión ordinaria en Salto, que participaron representantes departamentales, que se habló de personas mayores, que se revisó un protocolo, que se presentó un resumen de la Tarjeta Dorada y que se compartieron proyectos locales. Eso informa que algo ocurrió. Pero no informa, con precisión periodística, qué se decidió, qué cambió, qué problema se detectó, qué plazos existen, qué presupuesto hay, qué departamentos avanzaron más, qué diferencias surgieron o cómo impactará en la vida concreta de las personas mayores.
Ahí aparece la frontera entre información pública y comunicación institucional. El Manual de Estilo de El País recuerda que la información debe ayudar al lector a entender la realidad y formarse su propio criterio, y que la información y la opinión deben estar claramente separadas. También exige rigor: evitar vaguedades y sustituir expresiones imprecisas por datos concretos.
El comunicado analizado hace lo contrario en varios pasajes. Usa palabras de consenso difícilmente discutibles: “fortalecimiento”, “promoción”, “participación activa”, “inclusión”, “bienestar”, “articulación”. Son términos positivos, pero de baja verificabilidad. Nadie está en contra de fortalecer derechos ni de promover cuidados. La pregunta periodística es otra: ¿cómo, cuándo, con qué recursos y con qué resultados?
Desde Eliseo Verón, podría decirse que el texto no solo transmite información: produce un efecto de sentido. Construye una escena institucional armónica, sin conflicto, sin demora, sin límites y sin responsables identificables. Verón trabajó justamente la idea de que el sentido se produce socialmente en los discursos, no como un simple reflejo de la realidad.
Herman y Chomsky, en Los guardianes de la libertad, analizaron el “modelo de propaganda” aplicado a los grandes medios y sus filtros: propiedad, publicidad, fuentes oficiales, presión organizada y enemigo ideológico. Su tesis no se puede trasladar mecánicamente a cualquier comunicado municipal, pero sí sirve como advertencia: cuando la fuente institucional define el tema, el vocabulario y el marco de interpretación, el periodismo corre el riesgo de convertirse en ventanilla de reproducción.
¿Estamos ante propaganda? No en el sentido burdo de una consigna. Sí ante una forma blanda de propaganda administrativa: un texto que presenta gestión, neutraliza preguntas y evita zonas incómodas. La propaganda moderna rara vez necesita gritar. Le alcanza con llenar el espacio público de frases incontestables.
El caso de Cipem permite sacar conclusiones temáticas, pero limitadas. Sabemos que el Congreso de Intendentes quiere instalar una agenda sobre envejecimiento, cuidados, derechos, participación social y beneficios para personas mayores. Sabemos que la Tarjeta Dorada y los protocolos para encuentros son asuntos en circulación. Pero no sabemos el contenido real de esos debates. El comunicado nombra los temas; no los explica.
Esa es la diferencia entre una agenda y una noticia. Una agenda dice: “se abordó el protocolo”. Una noticia debería responder: qué dice el protocolo, por qué es necesario, qué problema busca corregir, quién lo aplicará, qué objeciones recibió y cuándo entrará en vigencia.
En tiempos de lectura rápida, esto importa más, no menos. X mantiene como referencia los 280 caracteres para los posteos comunes, aunque existen formatos más largos para usuarios o funciones específicas. La cultura del resumen favorece frases compactas, pero también puede convertir la vida pública en una sucesión de etiquetas: derechos, cuidados, participación, territorio. Palabras grandes, información pequeña.
Guillermo Franco, siguiendo investigaciones sobre lectura en pantalla, insiste en que los usuarios escanean, atienden primero a títulos y comienzos, y necesitan textos jerarquizados, directos y útiles. Eso no elimina el valor de los contenidos narrativos explicativos. Al contrario: los vuelve indispensables. La explicación es lo que impide que el lector confunda movimiento con avance, reunión con decisión y comunicado con información.
Byung-Chul Han aporta otra clave: en la sociedad saturada de datos, la democracia no muere solo por falta de información, sino por exceso de señales inconexas. En Infocracy, describe una crisis en la que la comunicación acelerada debilita la deliberación pública. Éric Sadin, desde su crítica al liberalismo digital, advierte sobre tecnologías y sistemas que tienden a organizar nuestras conductas bajo una apariencia de eficiencia. Ambos ayudan a mirar estos comunicados como piezas de una maquinaria mayor: textos breves, correctos, positivos y poco discutibles, diseñados para circular más que para explicar.
¿Quiénes son hoy los “guardianes de la libertad”? No solo los grandes medios. También los departamentos de comunicación pública, las plataformas, los algoritmos, los consultores de imagen, los anunciantes, los influencers políticos, los editores automáticos de la atención y, a veces, los propios periodistas cuando publican sin preguntar. El guardián ya no siempre censura; muchas veces selecciona, empaqueta, suaviza y distribuye.
La conclusión es sencilla: el comunicado de Cipem habla de personas mayores, pero su protagonista real es la institución que se muestra trabajando. Para convertirlo en información periodística habría que salir del texto y hacer las preguntas que el comunicado evita. Cuántas personas mayores acceden hoy a la Tarjeta Dorada. Qué beneficios concretos ofrece. Qué departamentos la aplican. Qué problemas tiene el sistema de cuidados. Qué contiene el protocolo. Qué resolvió la comisión en Salto.
Hasta entonces, el lector no recibe una explicación completa. Recibe una fotografía oficial: todos sentados, todos de acuerdo, todos avanzando. El periodismo empieza cuando alguien mira esa foto y pregunta qué quedó fuera de cuadro.
