Por Lic. Elio García Clavijo
La prórroga del llamado para concesionar el Parador Punta Gorda hasta el 15 de mayo abrió más preguntas que respuestas. El Ministerio de Turismo comunicó el cambio de fecha el 14 de abril, reiteró las condiciones del negocio y puso a hablar al director nacional de Turismo, Cristian Pos, pero no explicó por qué se postergó la apertura de ofertas. Ese silencio importa, porque no se trata de un inmueble cualquiera: es un activo estatal en un punto simbólico y estratégico de Nueva Palmira, con valor paisajístico, histórico y turístico para todo el oeste coloniense.
La primera corrección que corresponde hacer, con base en documentos oficiales, es esta: el ministro Pablo Menoni no estaba “ausente” por desinterés o por decisión táctica. Presidencia resolvió el 6 de marzo que estaría fuera del país desde el 11 de abril en misión oficial para asistir a la feria Seatrade Cruise Global 2026, en Miami, y designó como ministra interina a la subsecretaria Ana Claudia Caram mientras durara esa ausencia. Es decir: la falta del titular tiene explicación formal. La pregunta periodística válida, entonces, cambia de foco: por qué tampoco la ministra interina asumió la vocería política de este expediente.
Ese punto gana peso cuando se mira el resto de la agenda oficial del mismo día. El 14 de abril, mientras la prórroga de Punta Gorda se comunicó sólo con declaraciones de Pos, la inversión privada en Enjoy Punta del Este fue presentada en Presidencia con participación del presidente Yamandú Orsi y de la propia Caram como ministra interina. Ese contraste no prueba por sí solo un desprecio por el oeste de Colonia, pero sí sugiere una diferencia de jerarquía política en la puesta en escena de las inversiones: Punta del Este tuvo centro político; Punta Gorda, nivel técnico.
Tampoco es correcto, por ahora, afirmar que “no se presentó nadie”. El pliego establece que las ofertas se reciben únicamente en línea y que no pueden conocerse, “ni siquiera por la Administración contratante”, hasta que llegue la fecha y hora de apertura. Como la apertura prevista para el 15 de abril fue prorrogada antes de realizarse, hoy no existe base oficial para sostener que no hubo interesados. Mucho menos para asegurar que hubo oferentes concretos que pidieron más plazo. Eso podrá surgir, o no, de las actuaciones administrativas y de las consultas incorporadas al expediente, pero no está dicho en la comunicación pública del ministerio.
Lo que sí está claro es que el Gobierno no bajó el llamado. Al contrario: el Poder Ejecutivo lo autorizó el 27 de enero, aprobó el pliego y cometió al Ministerio de Turismo la tramitación del procedimiento, mientras reservó para sí la adjudicación, la declaración de desierto o el rechazo de ofertas. El ministro, por tanto, no juega un papel decorativo: firmó políticamente el instrumento y su cartera conduce el proceso, aunque la decisión final no dependa sólo de él.
El diseño del llamado también da pistas sobre la lectura que hace el Estado. No busca sólo un arrendatario que pague más. La propuesta turística y el plan de negocios pesan 50 puntos; se valora el menor plazo para poner el parador en funcionamiento, las actividades de integración con la comunidad y el precio anual comprometido. Además, la Administración se reservó la facultad de desistir del llamado, adjudicar según “los mejores intereses” y hasta no adjudicar ninguna oferta. Traducido: el ministerio puede preferir una espera adicional antes que cerrar con una propuesta débil, poco solvente o mal alineada con la idea de destino que pretende para Punta Gorda. Eso es una inferencia razonable del pliego; lo que falta es que la autoridad lo diga.
Desde el punto de vista territorial, la prórroga también desmiente una idea fácil: que el oeste de Colonia esté fuera del radar oficial. No lo está. Punta Gorda fue presentada por el propio ministerio como un sitio de alto valor histórico, cultural y paisajístico; Nueva Palmira ingresó hace años al corredor de los Pájaros Pintados; en 2019 el propio parador fue sede de actividades oficiales para impulsar emprendimientos turísticos; y en 2026 el Ministerio de Turismo volvió a poner al departamento de Colonia entre los territorios priorizados para intervenciones de turismo náutico y destinos emergentes durante 2026 y 2027. El problema, entonces, no parece ser la ausencia de discurso público sobre el potencial del lugar. El problema es la dificultad para convertir ese discurso en operación estable, inversión concretada y servicios funcionando.
Los datos oficiales de demanda ayudan a dimensionar esa contradicción. Colonia siguió siendo en 2025 uno de los destinos relevantes del turismo receptivo del país: recibió 119.899 visitantes en el segundo trimestre, con un gasto de 27,3 millones de dólares, y 120.464 visitantes en el cuarto trimestre, con un gasto de 32,2 millones. No hay, por lo tanto, un cuadro simple de ausencia de turistas. Sí hay, en cambio, un cuello de botella a la hora de traducir flujo, patrimonio y paisaje en proyectos viables en puntos específicos del oeste departamental.
A eso se suma otro dato incómodo: el ministerio viene mostrando actividad política en Colonia. Durante la Semana de Turismo, Menoni y Pos participaron de actividades en el departamento, incluida Juan Lacaze, y días antes la cartera había firmado convenios con la Udelar y lanzado acciones de fortalecimiento para el sector. O sea: no hay un silencio general del ministerio sobre Colonia. La omisión es puntual, y por eso resulta más significativa. Si en un expediente tan sensible para Nueva Palmira la respuesta pública quedó reducida a una prórroga sin fundamentos y a una voz técnica, el mensaje que queda en el territorio es el de una oportunidad todavía no resuelta y aún sin tutela política visible.
La pregunta madre, entonces, no es sólo qué pasa con el Parador Punta Gorda. Es qué dice este caso sobre la situación turística del oeste de Colonia. Y lo que dice, con la información hoy disponible, es esto: el oeste tiene valor reconocido, programas, relato oficial y demanda turística en el departamento; pero le sigue costando convertir ese potencial en inversiones ancla que abran, operen y duren. Punta Gorda aparece, una vez más, como síntoma de esa brecha entre la narrativa del desarrollo territorial y su ejecución efectiva.
