Carmelo ante el espejo de la segregación educativa

Foto conceptual.


El último informe del INEEd confirma que la segregación educativa crece en Uruguay y que golpea con más fuerza a inicial y primaria que a la enseñanza media. En Carmelo, donde conviven dos liceos públicos y una oferta técnica de UTU, la discusión por los cupos en 2025 y 2026 mostró que el problema no pasa solo por conseguir un banco: también expone cómo se distribuyen las oportunidades, quién puede elegir y quién termina adaptándose a lo disponible.

En Uruguay, la segregación educativa dejó hace tiempo de ser un asunto técnico para especialistas. El Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEEd) volvió a ubicarla en el centro del debate al señalar, en su informe sobre el estado de la educación 2021-2022, que la enseñanza inicial y primaria presentan niveles de segregación más altos que la media, y que en todos los subsistemas se observa una tendencia creciente, más acentuada en los niveles iniciales. El organismo agrega, además, que mayores niveles de segregación se relacionan con menores niveles de aprendizaje.

Ese diagnóstico nacional no puede trasladarse mecánicamente a una ciudad concreta sin datos locales desagregados. El INEEd no publica, al menos en las fuentes relevadas para esta nota, un índice específico de segregación para Carmelo. Pero sí ofrece dos claves útiles para leer lo que ocurre en escala local. La primera es que la segregación no surge solo de la desigualdad social previa, sino también de cómo se asignan los estudiantes a los centros. La segunda es que la libre elección, si no está regulada y si opera en contextos de sobrecupo, puede reforzar la desigualdad. Un trabajo reciente del instituto advierte que la libre elección “sin la suficiente regulación” puede potenciar la segregación y que la falta de criterios homogéneos ante el sobrecupo abre margen a procesos desiguales.

Carmelo ofrece un terreno concreto para observar ese mecanismo. La ciudad cuenta con dos liceos públicos de Secundaria, el Liceo N.° 1 “Dr. David Bonjour” y el Liceo N.° 2 “Prof. Miguel Banchero Noaín”, ambos con turnos diurnos y nocturnos. A eso se suma la Escuela Técnica de Carmelo y la Escuela de Reparaciones, Construcciones Navales y Anexos, dentro de la oferta de UTU; además, la Escuela Técnica aparece en la nómina oficial de tecnicaturas terciarias y de educación media tecnológica. Es decir: la ciudad no carece de instituciones. El problema es cómo se reparte la demanda entre ellas y qué prestigios, expectativas y trayectorias sociales quedan asociados a cada opción.

La crisis de cupos que estalló entre diciembre de 2025 y febrero de 2026 fue reveladora. El Eco Digital informó que familias del Liceo 1 denunciaron falta de lugares para séptimo año y que, ante la escasez, se les sugirió como alternativa la UTU o el traslado a Nueva Palmira. Carmelo Portal informó luego que unas 60 familias habían quedado sin lugar en el Liceo 1 para 2026, y más tarde elevó la cifra de reclamos a alrededor de 70 estudiantes. Finalmente, Radio Carve reportó el 19 de febrero de 2026 que la ANEP resolvió abrir otro grupo de séptimo para absorber la demanda.

Ese episodio puede leerse como un problema administrativo y, al mismo tiempo, como un síntoma más profundo. Cuando decenas de familias pelean por entrar a un centro determinado, mientras otras alternativas existen pero no son igualmente deseadas, lo que aparece no es solo una falta de bancos. Aparece una jerarquización entre centros. Y cuando la solución ofrecida es “irse a UTU” o trasladarse a otra ciudad, queda en evidencia que no todas las familias enfrentan el mismo costo de esa decisión: pesa el transporte, la organización doméstica, la continuidad de los vínculos y, sobre todo, la representación social sobre qué camino “vale más”. El propio INEEd subraya que las preferencias familiares no operan en el vacío: suelen estar mediadas por recursos, información y condiciones socioeconómicas previas, y los estudiantes de contextos más vulnerables tienden a asistir a centros más cercanos al hogar.

Carmelo no exhibe, en los datos consultados, un mapa escolar fracturado como el de una gran ciudad. Pero sí muestra una segmentación posible entre circuitos. Por un lado, Secundaria concentra una parte importante de la aspiración de continuidad “tradicional”. Por otro, UTU amplía la oferta y hasta incorpora formación terciaria, algo especialmente relevante en una ciudad del interior. Sin embargo, esa mayor diversidad no necesariamente equivale a integración. Si la técnica aparece socialmente como segunda opción para quienes no consiguen lugar en el liceo preferido, la diversificación institucional puede terminar administrando la desigualdad en vez de corregirla.

La paradoja es que la expansión de la cobertura y la universalización del acceso no resolvieron este nudo. El INEEd viene señalando desde hace años que el sistema avanzó en acceso, pero no logró desarmar la asociación entre origen social, trayectorias escolares y resultados. En el informe 2021-2022, el organismo remarca que el crecimiento de la segregación no parece explicarse por un aumento de la proporción de estudiantes vulnerables en el sistema, sino por la forma en que esos estudiantes se distribuyen entre los centros. Esa observación es clave para Carmelo: el problema no consiste solo en cuántos adolescentes entran a la educación media, sino en cómo quedan repartidos entre liceos y educación técnica, y bajo qué lógicas de prestigio o descarte.

También conviene evitar simplificaciones. No hay evidencia suficiente, con los datos disponibles públicamente, para afirmar que un liceo de Carmelo concentra a los sectores más favorecidos y otro a los más vulnerables. Esa sería una conclusión excesiva. Lo que sí muestran las fuentes es otra cosa: que hubo sobrecupo en el Liceo 1, que la ANEP debió abrir un nuevo grupo para responder, y que la derivación a UTU o a otras localidades apareció en el centro del conflicto. En términos periodísticos, eso no prueba una segregación consumada a escala local, pero sí revela condiciones que pueden alimentarla: competencia entre centros, capacidad locativa limitada y elecciones familiares desiguales.

Tal vez ahí esté la principal enseñanza que Carmelo deja al debate nacional. La segregación educativa no empieza cuando un informe la mide; empieza antes, cuando algunas familias pueden convertir la elección en estrategia y otras apenas logran encontrar vacante. Empieza cuando las instituciones dejan de ser solo distintas para volverse desiguales en prestigio, expectativas y horizonte social. Y se vuelve visible cuando el derecho a la educación ya no se discute solo como acceso, sino también como derecho a no quedar confinado al circuito que sobró. En ese punto, la advertencia del INEEd deja de ser una estadística nacional y se vuelve una pregunta local urgente: qué escuela, qué liceo y qué ciudad está construyendo Carmelo para sus adolescentes.

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