Uruguay llevó su acento a Wine Paris y volvió a poner al vino en primera fila

No fue solo un stand. Fue una escena. Una pequeña geografía uruguaya plantada en medio de Wine Paris 2026, con el Tannat al frente, ganando luz propia y una certeza que ya no necesita pedir permiso: Uruguay dejó de ser una rareza simpática para convertirse en una voz reconocible dentro del mapa vitivinícola internacional.

Bajo la marca Uruguay Wine, el país presentó una delegación récord de 20 bodegas y convirtió su espacio en una escala buscada por importadores, distribuidores, prensa especializada y referentes del negocio. Allí estuvo, desplegada, una vitivinicultura de escala humana pero ambición grande, capaz de hablar de identidad sin solemnidad y de calidad sin estridencias.

Las master classes de la periodista y Master of Wine Amanda Barnes funcionaron como una puerta de entrada privilegiada: un vino ícono por bodega, una síntesis de estilo, paisaje y apuesta productiva. Fue, en cierto modo, una forma de contar al Uruguay botella por botella.

Participaron Familia Deicas/Juanicó, Familia Dardanelli, Bodega Santa Rosa, Nakkal Wines, Bouza/Las Espinas, Pizzorno Family Estates, Montes Toscanini, Bodegas Carrau, Pisano, Viña Progreso, Bodega Castillo Viejo, El Capricho Winery, Bodega Cerro del Toro, Cavani Wines, Giménez Méndez, De Lucca, Bodega Cerro Chapeu, Bracco Bosca Winery, Antigua Bodega y Familia Traversa.

La visita del embajador uruguayo en Francia, Enrique Loedel, y del director general de la OIV, John Barker, aportó un respaldo institucional que acompañó lo esencial: el vino habló por sí mismo.

Y lo que dijo, en París, fue claro. Que Uruguay ya no llega al mundo a explicar quién es. Llega, cada vez más, a confirmar que tiene algo propio para ofrecer.

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