La propuesta toma como referencia modelos ya aplicados en otras ciudades, donde empresas privadas asumen el diseño, la instalación y el mantenimiento de la señalización —principalmente la vinculada al tránsito— a cambio de espacios publicitarios regulados. Para el gobierno local, el cambio permitiría prescindir del gasto recurrente en cartelería callejera, uno de los rubros más sensibles en el mantenimiento del espacio público.
Según fuentes municipales, el análisis no se limita al aspecto económico. Las consultas incluyen el encuadre legal del sistema, el impacto visual en el paisaje urbano y la compatibilidad con las normas de tránsito vigentes. El objetivo declarado es evitar una proliferación desordenada de anuncios y garantizar que la publicidad no interfiera con la legibilidad ni con la función principal de las señales.
Uno de los ejes centrales del proyecto es la posibilidad de unificar la imagen corporativa de la ciudad. La renovación de la señalética permitiría estandarizar tipografías, colores y formatos, reforzando una identidad visual reconocible tanto para los habitantes como para los visitantes. En una ciudad con fuerte perfil turístico, el ordenamiento del espacio visual es considerado un valor añadido.
El debate también incluye criterios urbanísticos más amplios. Técnicos consultados por el municipio analizan cómo integrar los nuevos carteles al entorno existente, en especial en áreas patrimoniales o de alta sensibilidad paisajística. La experiencia comparada muestra que estos sistemas pueden generar resistencia inicial si no se establecen límites claros y mecanismos de control.
Por el momento, no hay plazos definidos para una eventual implementación. El municipio prevé que, una vez concluidas las consultas, el tema sea sometido a evaluación política y, eventualmente, a un proceso de licitación pública. De avanzar, la iniciativa marcaría un cambio significativo en la forma en que Carmelo gestiona su señalización urbana, combinando ahorro presupuestal y renovación estética bajo un mismo esquema.
