El Canal Sur de Isla Sola fue dragado, la navegación mejoró y el puerto deportivo volvió a recibir más embarcaciones. Sin embargo, la conexión regular entre Carmelo y Tigre sigue lejos de los niveles que tuvo antes de 2019, y esa diferencia permite ubicar con mayor precisión dónde está hoy el problema.
Según datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística, la línea Carmelo-Tigre movilizó 87.318 pasajeros en 2018. Después del cierre de Cacciola, el cambio de operador y la interrupción provocada por la pandemia, el servicio volvió en otra escala: 7.666 pasajeros en 2022, 12.111 en 2023 y 9.147 en 2024. En 2025 hubo una recuperación y la Administración Nacional de Puertos informó 10.469 pasajeros, un 14,5% más que el año anterior, aunque todavía alrededor de un 88% por debajo del movimiento registrado en 2018.
En paralelo, el Estado avanzó sobre uno de los problemas históricos de Carmelo: la navegabilidad. La ANP licitó en 2022 el dragado de mantenimiento del Canal Sur de Isla Sola, una obra que comenzó en 2023 y terminó en agosto de 2024, con una inversión informada al finalizar los trabajos de unos US$ 3 millones. Se removieron alrededor de 130.000 metros cúbicos de sedimentos y se recuperó una profundidad de diseño de 1,80 metros.
Los resultados en la actividad náutica fueron claros. El Ministerio de Turismo informó que entre agosto de 2023 y abril de 2024 llegaron al puerto deportivo 401 embarcaciones, mientras que en el mismo período de 2024-2025 fueron 595, un aumento del 57%. Entre los barcos de mayor calado, el crecimiento fue todavía mayor: pasaron de 104 a 200.
Esos números muestran que el dragado resolvió un problema concreto y produjo efectos medibles. Pero también dejan en evidencia que mejorar el canal no alcanza, por sí solo, para recuperar la conexión regular de pasajeros.
Ahí está la diferencia central.
Durante años, buena parte de la discusión sobre el puerto estuvo asociada a la profundidad del canal, el dragado y las condiciones de acceso. Hoy esa parte del problema está mucho mejor resuelta. Sin embargo, el movimiento de pasajeros sigue siendo bajo porque la conectividad depende de otras variables: cantidad de frecuencias, empresas dispuestas a operar, horarios, precios, integración con el transporte terrestre y una demanda suficiente para sostener el servicio.
La salida de Cacciola en 2019 también modificó el producto de transporte. La empresa no ofrecía solamente el cruce Carmelo-Tigre, sino una conexión integrada que permitía viajar desde Montevideo, continuar por tierra hasta Carmelo y cruzar luego hacia Argentina. Cuando el servicio fue retomado por otro operador, el Ministerio de Transporte informó que inicialmente esa complementación terrestre no estaba incluida.
Por eso, la situación actual no puede explicarse como un problema de infraestructura abandonada ni como una simple falta de dragado. El canal fue recuperado, la navegación deportiva creció y el puerto mantiene actividad, pero el sistema de transporte de pasajeros no recuperó la escala que tuvo años atrás.
Queda, además, una pregunta abierta. En septiembre de 2023, el entonces presidente de la ANP, Juan Curbelo, anunció que otra empresa estaba dispuesta a incorporar un nuevo servicio Carmelo-Tigre antes de fin de ese año. En la documentación oficial posterior revisada para este reportaje no aparece registrado que ese servicio haya comenzado.
El problema de Carmelo, entonces, parece haber cambiado de lugar. Durante años se ha repetido que la conexión con Argentina es estratégica para Carmelo. Esa afirmación produjo obras reales: el canal fue dragado, el acceso mejoró y el puerto deportivo recibió más embarcaciones.
Sin embargo, el problema de fondo reaparece: cómo recuperar una conexión regular de pasajeros de mayor escala.
Quizá allí esté el desentendimiento más interesante: no en la ausencia de acción, sino en la posibilidad de confundir una parte del problema con el problema entero.
Dragamos el canal porque faltaba profundidad.
La profundidad se recuperó.
Ahora hay que preguntar qué falta para que haya más barcos de pasajeros.
Durante años la pregunta fue cómo recuperar el acceso al puerto.
Hoy, con el canal dragado y la navegabilidad mejorada, la pregunta es otra:
cómo reconstruir una conexión regular de pasajeros capaz de aprovechar la infraestructura que ya existe.
