Recuperar el salón del ex Hotel Casino exige definir recursos y responsabilidades

La posibilidad de que el Municipio de Carmelo reciba en comodato una parte del edificio abre una alternativa cultural para la ciudad, pero requiere conocer su relación con el futuro del predio, el costo de las obras y la capacidad local para sostenerlo

La posibilidad de recuperar el antiguo salón de fiestas del Hotel Casino Carmelo y convertirlo en un espacio cultural multifuncional incorpora una nueva alternativa a una discusión que lleva años sin encontrar una resolución definitiva.

La propuesta permitiría destinar ese sector a exposiciones, encuentros educativos, ferias artesanales, actividades culturales, conferencias y eventos. La idea parte de una necesidad reconocible: Carmelo necesita ámbitos adecuados para desarrollar propuestas que hoy se realizan en espacios prestados, acondicionados de manera provisoria o con limitaciones de capacidad.

También ofrece una oportunidad concreta. Dentro de un complejo profundamente deteriorado, el salón sería una de las estructuras que conservaría mejores condiciones y, por lo tanto, mayores posibilidades de recuperación.

Sin embargo, la propuesta aparece en un momento particular. El Ministerio de Turismo no ha conseguido resolver el destino general del antiguo hotel, cuya degradación ha avanzado durante años. El deterioro no fue contenido y una parte importante del edificio presenta una situación cada vez más compleja.

A esa realidad se suma el fracaso de la licitación presentada en 2024, que proponía la venta del inmueble y la instalación de un nuevo emprendimiento hotelero asociado a una concesión de casino. El llamado no recibió ofertas.

Posteriormente apareció una iniciativa privada que continúa bajo estudio de los ministerios de Turismo y de Economía y Finanzas. La eventual venta directa del predio también ha formado parte de las alternativas manejadas por las autoridades.

En ese contexto, la cesión del salón al Municipio no puede analizarse únicamente como un proyecto cultural. Su viabilidad dependerá de cómo se vincule con la estrategia general prevista para el inmueble y de las responsabilidades que cada organismo esté dispuesto a asumir.

Una oportunidad de uso mientras se define el futuro

Una primera lectura considera que la idea puede evitar que toda la infraestructura permanezca inactiva mientras el Gobierno nacional estudia una solución de mayor alcance.

Los procesos de venta, concesión o búsqueda de inversores pueden prolongarse. Durante ese tiempo, el edificio continúa expuesto al deterioro, el vandalismo y la pérdida progresiva de sus condiciones de uso.

La recuperación del salón permitiría rescatar una parte todavía aprovechable e incorporarla a la vida de la ciudad. La presencia de actividades, instituciones y público podría contribuir además a mejorar el control y la vigilancia de ese sector.

Desde esa perspectiva, el comodato sería una forma de utilización anticipada del inmueble. No resolvería el futuro del hotel, pero permitiría que una dependencia dejara de estar cerrada y recuperara una función pública.

La alternativa tiene lógica si se presenta con claridad. La propuesta debería ser entendida como una intervención parcial y no como la recuperación del Hotel Casino en su conjunto.

La diferencia es importante. Un salón en funcionamiento puede constituir un avance para la ciudad, pero no modifica por sí mismo la situación del resto del edificio ni sustituye la necesidad de una definición integral.

El riesgo de confundir una parte con el conjunto

Toda política pública también produce una representación de la realidad. Una obra visible, una inauguración o un nuevo uso pueden modificar la percepción ciudadana sobre un problema más amplio.

En este caso, la apertura de un espacio cultural podría generar una señal positiva. Habría actividades, programación, circulación de personas y presencia institucional en un lugar asociado desde hace años con el abandono.

Ese cambio sería valioso. Sin embargo, debería evitarse que la recuperación del salón se comunique como una solución al problema general del predio.

El resto del complejo continuaría requiriendo decisiones, inversiones y responsabilidades específicas. La licitación fallida, el deterioro acumulado y la iniciativa privada en estudio seguirían siendo parte de una discusión independiente.

La comunicación institucional tendrá, por lo tanto, un papel central. El proyecto podrá ser presentado como una oportunidad para recuperar un sector concreto, siempre que se explique al mismo tiempo cuál es su alcance y qué asuntos permanecen pendientes.

La claridad no debilita la propuesta. Por el contrario, puede protegerla de expectativas que después resulten imposibles de cumplir.

El costo comienza después de recibir las llaves

El comodato permitiría utilizar el salón sin adquirirlo ni pagar un precio por el inmueble. Eso no significa que su funcionamiento resulte gratuito.

Antes de abrirlo al público será necesario determinar el estado de la estructura, las instalaciones eléctricas, el saneamiento, los servicios higiénicos, las salidas de emergencia, la accesibilidad y las condiciones exigidas para obtener las habilitaciones correspondientes.

Incluso si el salón se encuentra mejor conservado que otras áreas del hotel, deberá establecerse si comparte techos, redes, pasillos, accesos o servicios con sectores deteriorados.

Una inspección visual no es suficiente para definir su seguridad. El funcionamiento de un centro cultural exige informes técnicos y una separación clara respecto de las zonas que no están en condiciones de uso.

A las obras iniciales se sumarán los gastos permanentes:

El costo central no será únicamente reacondicionar el salón, sino mantenerlo operativo a lo largo del tiempo.

Ese aspecto adquiere especial relevancia porque el Municipio trabaja con una cantidad reducida de funcionarios y con recursos presupuestales limitados. La incorporación de un nuevo servicio podría exigir personal que hoy se encuentra asignado a otras tareas.

La discusión deberá establecer si el funcionamiento será asumido por funcionarios municipales, por dependencias de la Intendencia, por personal contratado específicamente o mediante alguna modalidad de gestión compartida.

Sin esa definición, el proyecto corre el riesgo de depender de esfuerzos informales, voluntades individuales o soluciones transitorias que difícilmente puedan sostenerse.

La necesidad de acompañar la cesión con recursos

La propuesta será más consistente si el comodato no se limita a la entrega del espacio.

El Ministerio de Turismo, como organismo responsable del inmueble, podría participar en la financiación de las obras necesarias o contribuir con recursos destinados al mantenimiento. La Intendencia de Colonia también tendría que definir qué apoyo técnico, presupuestal y humano estaría en condiciones de proporcionar.

El Municipio puede administrar y articular la programación local, pero no debería quedar solo frente a una infraestructura que pertenece al Gobierno nacional y que forma parte de un problema de mayor escala.

Una cesión sin recursos podría trasladar al nivel municipal una responsabilidad que hasta ahora corresponde al propietario. En cambio, un acuerdo con aportes definidos permitiría convertir el proyecto en una experiencia de cooperación institucional.

La diferencia estará en el contenido del convenio.

El contrato deberá establecer quién paga las obras, quién mantiene las áreas comunes, quién responde por la seguridad del resto del predio y qué organismo asume las reparaciones estructurales.

También deberá definir la duración del comodato. Una cesión breve no justificaría una inversión pública importante, especialmente si el salón debe ser devuelto cuando se concrete la venta o concesión del hotel.

La iniciativa privada y el uso cultural

Otro punto que deberá aclararse es la relación entre el proyecto municipal y la iniciativa privada que se encuentra bajo estudio.

Si esa propuesta comprende la totalidad del predio, será necesario conocer qué destino prevé para el salón. Un futuro emprendimiento hotelero, turístico o vinculado al casino podría necesitar controlar accesos, estacionamientos, redes de servicios y áreas de circulación.

El espacio cultural puede ser compatible con esa inversión e incluso complementarla. Un hotel puede beneficiarse de contar con una sala para congresos, exposiciones o actividades abiertas a la comunidad.

Pero también pueden existir incompatibilidades si ambos proyectos requieren utilizar las mismas dependencias o si el inversor pretende disponer de todo el inmueble.

La coexistencia no debería quedar librada a una negociación posterior. Antes de realizar obras, el Ministerio tendría que informar cómo se integra el comodato con las alternativas que actualmente estudia.

Esa definición permitirá evitar que el Municipio invierta en un espacio cuyo uso futuro pueda ser revisado al poco tiempo.

Una posible reserva de uso público

La iniciativa también puede ser interpretada como una oportunidad para asegurar que una parte del predio conserve una función comunitaria, aun si el resto es vendido o concedido a un operador privado.

El Hotel Casino forma parte de la historia urbana y turística de Carmelo. Reservar un sector para actividades culturales permitiría mantener una relación pública con el inmueble y evitar que todo el complejo quede destinado exclusivamente a fines comerciales.

Esa posibilidad tendría que estar protegida jurídicamente. No alcanzaría con un comodato precario o sujeto a una rescisión inmediata.

Serían necesarios accesos independientes, servicios claramente delimitados y un plazo suficiente para justificar las inversiones. También debería establecerse qué ocurrirá con las mejoras y el equipamiento en caso de venta.

Si esas garantías existen, el Municipio podría obtener un espacio de valor estratégico para la ciudad. Si no existen, podría asumir costos sobre un bien cuyo uso no está asegurado.

La capacidad de gestión será decisiva

El contenido cultural del proyecto es amplio. Un salón multifuncional puede recibir exposiciones, mercados artesanales, talleres, jornadas educativas, espectáculos y encuentros institucionales.

Pero esa amplitud también requiere un modelo de gestión.

Será necesario determinar cómo se asignan las fechas, qué actividades serán gratuitas, cuáles podrán cobrar entradas, cómo funcionarán las ferias, quién controlará la venta de productos y qué criterios se utilizarán para priorizar solicitudes.

También deberá definirse si el espacio tendrá una programación propia o si funcionará principalmente a demanda de instituciones y organizaciones.

Un salón sin planificación puede terminar utilizado de manera esporádica. Un salón con programación estable requiere recursos, personal y coordinación profesional.

La evaluación no debería limitarse a estimar cuántas personas caben en el edificio. También deberá calcularse cuántas actividades puede sostener el Municipio, cuánto costará cada jornada y qué demanda real existe en la ciudad.

Un proyecto posible si se resuelven las condiciones

La iniciativa no plantea necesariamente una oposición entre recuperar el salón o esperar una solución integral para el hotel.

Ambas estrategias pueden avanzar de manera simultánea, siempre que exista coordinación. El Ministerio puede continuar buscando una salida para el conjunto y, al mismo tiempo, permitir que una parte utilizable cumpla una función cultural.

Para que esa convivencia sea posible deberán resolverse algunas condiciones básicas:

Son preguntas que no buscan impedir el proyecto, sino darle viabilidad.

La principal fortaleza de la propuesta es que procura transformar un sector inactivo en un espacio para la comunidad. Su principal desafío es evitar que esa transformación dependa únicamente de un Municipio que ya funciona con limitaciones humanas y presupuestales.

La oportunidad existe. También existen costos, responsabilidades y decisiones todavía pendientes.

El resultado dependerá de que el comodato sea algo más que la entrega de una llave. Deberá formar parte de un acuerdo institucional que permita abrir el salón, mantenerlo en condiciones y asegurar que pueda cumplir durante un plazo razonable la función cultural que se propone.

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