Edil Manitto pone el foco en el robo de arena en Playa Seré

El edil del Partido Nacional relató cómo sorprendió una extracción de arena a plena tarde en Carmelo, frente a vecinos y bañistas. Su planteo va más allá del episodio: advierte sobre el deterioro del espacio público, cuestiona la falta de respuestas de fondo y propone mirar también a quienes compran la arena extraída de forma ilegal.

La imagen que describe Martín Manitto no remite a un operativo nocturno ni a una maniobra escondida en un rincón de la costa. Remite, justamente, a lo contrario: a una práctica que, según sostiene, ocurre con una naturalidad inquietante.

Dice que llegó a Playa Seré, en Carmelo, estacionó y vio unos caballos. Al principio pensó que alguien los había llevado hasta allí, como una escena más de la tarde. Pero al acercarse, entendió otra cosa: era un caballo con un carro y estaban sacando arena a metros del agua, en el mismo lugar donde había gente tomando mate, pescando y bañándose.

Ese momento, cuenta, fue el que terminó de convencerlo de que el problema debía salir de la conversación informal y entrar de lleno en la discusión pública. Llamó a Prefectura, se comunicó con el alcalde y luego presentó una nota en la Junta Departamental de Colonia dirigida a la oficina departamental del Ministerio de Ambiente.

Su planteo, sin embargo, no se limita al episodio puntual. Lo que busca instalar es una discusión más amplia: qué pasa cuando la extracción de arena deja de ser una irregularidad tolerada y empieza a perforar, literal y simbólicamente, el espacio público.

“Esa arena era de todos”

Pregunta. ¿Qué fue lo que vio ese día en Playa Seré?
Respuesta. Fui a la playa de Carmelo, estacioné y vi unos caballos. Pensé que los habían traído hasta ahí a plena tarde, pero cuando me acerqué me di cuenta de que era un caballo con un carro. Y cuando me acerqué un poco más, estaban sacando arena, mismo a metros del agua. Había gente alrededor, tomando mate, bañándose, pescando. Era ahí, delante de todos.

P. ¿Usted habló con quienes estaban sacando la arena?
R. Sí. Me acerqué y les pregunté, irónicamente, si la estaban corriendo del lugar. Me contestaron que no, que esa arena era para vender. Incluso me dijeron que, si me interesaba, me podían vender.

P. ¿Y qué les respondió?
R. Les dije que esa arena no se la iba a comprar porque esa arena ya era mía, era de ellos, era de toda la gente que estaba ahí, por ser un espacio público. En ese momento se ofuscaron un poco y se generó una situación tensa.

P. ¿Qué hizo enseguida?
R. Llamé a Prefectura en el momento. Llegó casi de inmediato. El carro salió muy rápido, hubo una persecución, pero no lo llegaron a encontrar. También llamé al alcalde, que me atendió enseguida, y me dijo que la situación del robo de arena es muy común, que sucede en toda la costa de Carmelo.

Un problema viejo que reaparece en el centro de la escena

El valor político del relato de Manitto no está solo en la denuncia. Está, sobre todo, en el lugar donde ubica el problema. No habla de una extracción en una zona apartada, sino de arena retirada de un paseo público, a plena luz, en un sitio de convivencia social.

Ese corrimiento del foco es importante. Porque el edil no discute únicamente la legalidad de la extracción, sino el sentido mismo del espacio costero como bien común.

P. ¿Por qué decidió llevar el tema a la Junta Departamental?
R. Porque queremos saber qué se puede hacer con esto que está pasando en espacios públicos, sobre todo. Sabemos que también se saca arena de lugares privados, pero lo que más nos preocupa es lo que está sucediendo en el borde costero, en los espacios públicos.

P. ¿Usted ve este problema solo en Playa Seré?
R. No. Se habla de Playa Vieja, de Corralito, de la zona del fondo de avenida Paraguay y de otros lugares. Es un tema que viene de hace años. Pero no puede pasar donde la gente va, se sienta, disfruta del lugar. Que te saquen la arena de ahí mismo es algo increíble.

P. ¿Hace una diferencia entre predios privados y espacios públicos?
R. Sí. Si es un predio privado y hay un acuerdo entre privados, yo no me voy a meter. Pero cuando se saca arena de un espacio público, de un paseo costero, de un lugar que es de todos, ahí hay otra cosa. Ahí hay un problema que no se puede permitir.

La hipótesis central: no alcanza con perseguir al carrero

En la entrevista aparece el punto más fuerte del planteo de Manitto. No se queda en la figura del extractor. Intenta correr la conversación hacia el eslabón siguiente: el comprador.

Esa hipótesis cambia el eje. Ya no se trata solo del robo de arena como falta puntual, sino de un circuito económico que necesita demanda, tolerancia y baja capacidad de sanción para seguir funcionando.

P. Usted insiste en que no hay que mirar solo a quien saca la arena. ¿Por qué?
R. Porque siempre hablamos del robo, del carrero, del carro, del caballo, de la persecución, de la multa. Pero si existe el robo, existe porque alguien compra. Y la receptación también está penada por la ley. Entonces capaz que es más fácil identificar al que compra que al que roba.

P. ¿Está planteando que hay un mercado detrás del robo de arena?
R. Con sentido común, sí. Si hay tanto robo de algo, es porque hay un mercado. Nadie sale a robar para guardar la arena en su casa. Sale a robar porque después eso lo puede vender. Si no, no hay negocio.

P. ¿Por dónde cree que habría que atacar entonces el problema?
R. Si es difícil cortarlo por el lado del robo, vayamos por la receptación. Vayamos a buscar al que compra arena de forma ilegal. Porque esa puede ser una manera de cortar el mercado.

P. Usted incluso lo compara con otros delitos.
R. Sí, porque pasa lo mismo con el robo de motos. ¿Por qué se roban tantas? Porque hay alguien que compra. Entonces, si no podemos cortar una parte, tratemos de cortar la otra.

Entre la necesidad y el negocio

En el intercambio aparece una tensión que atraviesa el problema desde hace años: la dimensión social del carrero, del trabajador precario, del rebusque, frente al daño ambiental y la apropiación de bienes públicos.

Manitto no desconoce esa discusión. Pero intenta evitar que se vuelva el argumento que paraliza cualquier acción.

P. Hay quienes sostienen que detrás de esto también hay necesidad económica. ¿Cómo se resuelve esa tensión?
R. Yo entiendo la necesidad de la gente. Nadie niega eso. Pero entonces vayamos por otro camino. Porque si siempre terminamos cortando por lo más fino, no resolvemos nada. Si es muy sensible actuar sobre quien roba, entonces actuemos sobre quien compra.

P. ¿Cree que las soluciones que se intentaron no funcionaron por eso?
R. Sí. Hubo un proyecto, hace muchos años, para comprar arena legalmente, traerla en camión, dejarla en un terreno y que el carrero fuera a buscarla ahí. Pero no duró. ¿Por qué? Porque el margen de ganancia era menor que sacándola de la costa. Entonces, mientras no haya un proyecto realmente conveniente frente a la diferencia entre vender arena legal e ilegal, no va a funcionar.

Prefectura, Fiscalía y un problema que “queda en la nada”

La crítica del edil también se dirige a la respuesta institucional. No tanto a la reacción inicial, que reconoce, sino a lo que ocurre después.

P. ¿Qué evaluación hace del accionar de las autoridades?
R. Prefectura actuó. Eso hay que decirlo. Llegó rápido. Pero, según lo que se nos ha transmitido, después en Fiscalía estos temas quedan medio en la nada. No hubo un andamiaje claro sobre los casos de robo de arena que se descubrieron.

P. ¿Qué quiere decir con que quedan en la nada?
R. Que se actúa, se plantea la situación, pero después no hay una consecuencia de fondo. Y si no hay consecuencias, el problema sigue.

P. ¿Han intentado conversar con Fiscalía por este y otros temas?
R. Sí. En el marco de otras preocupaciones por inseguridad se hicieron gestiones, pero no tuvimos avances.

El señalamiento no es menor. Si el control aparece, pero la sanción no se consolida, el mensaje que queda en el territorio es el de una infracción tolerable. Y cuando eso ocurre sobre el borde costero, el daño ya no es solo legal: es ambiental, urbano y simbólico.

“Los espacios públicos son míos, son suyos, son de todos”

Hacia el final, Manitto amplía el razonamiento y suma otro ejemplo: el robo de árboles plantados por la Intendencia en espacios costeros.

P. ¿Por qué trae también el ejemplo de los árboles?
R. Porque hay gente que va y roba árboles que la Intendencia planta en espacios públicos. Y si uno va a la Intendencia y pide árboles, muchas veces se los dan. Entonces, ¿por qué ir a sacarlos del espacio público? Lo mismo pasa con la arena. No podemos naturalizar que se saquen cosas de lugares que son de todos.

P. ¿Ese es el fondo de su planteo?
R. Exactamente. Los espacios públicos son míos, son suyos, son de todos. Y no se puede permitir que pase lo que está pasando.

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