La ratificación del acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y Mercosur introduce cambios de fondo en una relación económica marcada por la complementariedad y, a la vez, por fuertes asimetrías productivas. El tratado promete reducir aranceles, facilitar inversiones y dar previsibilidad a los intercambios entre dos bloques que suman más de 700 millones de habitantes. También obliga a gestionar tensiones en sectores sensibles, en especial la agricultura y la ganadería.
Además del impacto arancelario, el acuerdo ofrece a Mercosur reglas más previsibles para exportar e invertir, un factor clave para la planificación de largo plazo en economías dependientes del comercio exterior.
El departamento de Colonia y el Mercosur
Dentro de Uruguay, el Departamento de Colonia es uno de los territorios más expuestos a los efectos del acuerdo por el peso de sus exportaciones y su perfil industrial. Colonia concentra alrededor de una quinta parte de las exportaciones de bienes del país, impulsada en gran medida por operaciones en zonas francas.
Un actor clave es Montes del Plata, cuya planta de celulosa en Colonia es una de las mayores inversiones industriales de Uruguay. La celulosa explica una parte sustancial del valor exportado por el departamento y sitúa a Colonia como un nodo estratégico de la cadena forestal-industrial.
Desde una perspectiva macro, el acuerdo UE–Mercosur no modifica de forma directa los aranceles de la celulosa, que ya se comercializa mayoritariamente en mercados extrarregionales bajo reglas globales. Sin embargo, un marco de integración más estable puede incidir en el clima de inversiones, la logística y la previsibilidad comercial, factores clave para un sector intensivo en capital y orientado a la exportación.
Agroindustria: carne, granos y lácteos
Junto a la celulosa, la estructura exportadora de Colonia se apoya en:
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Soja y otros granos, integrados a cadenas globales de commodities.
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Carne bovina, un rubro que podría verse favorecido por los mayores cupos y aranceles reducidos para Mercosur en la UE, con impacto indirecto en frigoríficos y proveedores del departamento.
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Lácteos, un sello productivo histórico de Colonia, con fuerte presencia de tambos e industrias de procesamiento.
En este último caso, el acuerdo ofrece oportunidades limitadas: el acceso europeo seguirá condicionado por cuotas y exigentes requisitos sanitarios. Para los productores coloniales, el desafío no está tanto en aumentar volúmenes como en agregar valor, diferenciar productos y cumplir estándares que permitan capturar nichos de mercado.
Un impacto desigual
El efecto del tratado en Colonia será asimétrico. La gran industria exportadora —celulosa y concentrados industriales— seguirá marcada por la demanda global. La carne podría encontrar mejores condiciones de acceso en Europa, mientras que los lácteos avanzarán con cautela y bajo restricciones.
Un acuerdo con ganadores sectoriales
El tratado UE–Mercosur no redistribuye beneficios de manera uniforme. Abre oportunidades claras para grandes complejos exportadores sudamericanos y para empresas europeas con capacidad de competir en mercados abiertos, pero exige políticas de acompañamiento para sectores y territorios más expuestos.
En departamentos como Colonia, donde conviven industria pesada, agroexportación y producción familiar, el impacto dependerá menos del texto del acuerdo que de su implementación: la velocidad de la desgravación, el cumplimiento de estándares y la capacidad de transformar la apertura comercial en desarrollo productivo sostenido.
