A las seis de la tarde se encienden las luces cálidas de la ciudad y también —a veces— ciertas historias. Martina Larrama de León lo sabe. Lo supo incluso antes de escribir su primer guion, antes de rodar su primer cortometraje, antes de que “6:00PM” fuera seleccionado entre más de 700 obras para la sección Panorama Cortometrajes del 13.º Festival de Cine Nuevo Detour.
Lo supo en Carmelo, su ciudad, donde aprendió a mirar, a contar y a dejar que el silencio diga lo que las palabras no alcanzan.
“Es un amor silencioso”, dice. Y la frase, lejos de sonar ensayada, cae con el peso de quien entendió que algunas emociones no necesitan pronunciarse para conmover.
La entrevista la hacemos en Radiolugares por teléfono, Martina habla desde Montevideo, donde estudia la Tecnicatura Audiovisual en la Universidad del Trabajo – LATU. Pero el rodaje fue en Carmelo, en la rambla, en las calles donde ella creció. “Quería que mi primer corto fuera allá. No sólo por el paisaje, sino por la gente que siempre está. Los que te prestan cosas, los que actúan, los que te abren la puerta de su casa”, cuenta.
La historia de 6:00PM es mínima en su superficie y vasta en su profundidad. Dos jóvenes se encuentran cada día en la plazoleta de la rambla, a la misma hora, y apenas se hablan. No hacen falta grandes confesiones. “Hay miradas. Silencios. Cosas que no se dicen, pero están”, explica Martina. Como si bastara con mirar al otro para decirlo todo.
Rodaron en tres días. Dormían poco, filmaban mucho. Usaban lo que tenían: una cámara, una idea y una ciudad que les ofrecía su luz más amable en la hora justa. “Nos levantábamos con escarcha en los autos. Era julio. Frío de verdad. Pero queríamos aprovechar cada rincón”, recuerda Agustín, director de fotografía del corto, que viajó desde Montevideo sin haber pisado nunca Carmelo.
“Conocí la rambla y me pareció un lugar increíble para filmar. La costa fue otro hallazgo. Llegamos al atardecer y se armó una atmósfera mágica”, dice. Esos espacios no fueron solo decorado. Se convirtieron en parte del relato. En personajes mudos que respiran a través del plano.
“¿Por qué 6PM?”, le preguntaron una y otra vez.
Martina se detiene. Piensa. Y contesta con la firmeza de quien tiene claro su propósito: “Porque es la hora en que muchas cosas terminan y otras empiezan. La gente sale del trabajo. El sol cae. Puede ser una despedida o un comienzo. Es el momento exacto en que todo puede pasar”.
Su voz no busca el efectismo. No lo necesita. Como en su corto, lo importante está en lo que deja suspendido en el aire.
“Si no hacés las cosas cuando sentís que tenés que hacerlas, quizá no tengas otra oportunidad”, dice, como si hablara tanto de la vida como del cine.
El proyecto nació en clase, pero creció con una convicción mucho más personal. Martina quería demostrar que en Carmelo —y en cualquier ciudad del interior— también se puede hacer cine. Que no hace falta esperar a que otros cuenten nuestras historias. Que hay talento, deseo y un montón de cosas por decir.
“No se trata de hacer una carrera. Se trata de contar algo que valga la pena. Algo que te mueva. Que haga que la gente se levante de la butaca y se quede pensando”, afirma.
6:00PM dura trece minutos. Y en ese tiempo breve, logra lo que muchas películas de dos horas no consiguen: construir una atmósfera, un mundo, una emoción.
Martina cree en un cine que no se apura, que no subestima, que respeta el silencio. Dice que hacer cine en Uruguay es difícil, pero no imposible. “Estamos cansados de que digan que el cine uruguayo es aburrido. Tenemos historias potentes. Lo que nos falta es creérnoslo un poco más.”
La proyección oficial del corto será el 15 de octubre, en la Sala Camacuá de Montevideo. Pero ya piensa en volver a Carmelo para mostrarlo en casa. Con su equipo. Con los actores locales. Con quienes ayudaron cuando todavía 6:00PM era apenas una idea.
“Queremos hacer una función con conversatorio. Contar cómo lo hicimos. Y mostrar que sí, que se puede filmar acá. Que el cine también pasa por Carmelo”, dice.
Y en esa frase, como en su película, hay algo más que una afirmación. Hay una invitación a mirar de nuevo lo que siempre estuvo frente a nosotros. A las seis de la tarde. Justo a tiempo.
