Sudáfrica 2010, el Mundial que devolvió el fútbol a las familias uruguayas

Fotografía de archivo de los jugadores de Uruguay celebrando un gol de Sebastián Abreu en la serie de penaltis ante Ghana en los cuartos de final del Mundial de Sudáfrica 2010 el 2 de julio de 2010 en el estadio Soccer City de Johannesburgo (Uruguay). EFE/Lavandeira jr/Archivo

Miles de personas desfilando por las calles de Montevideo, banderas en cada rincón del país y el nacimiento de varias niñas llamadas Victoria Celeste son algunos de los recuerdos que dejó Sudáfrica 2010, un Mundial que devolvió el amor por el fútbol a las familias uruguayas.

El pequeño país sudamericano no fue campeón ni estuvo en el podio del torneo que cumple 10 años estos días. Sin embargo, los triunfos conseguidos, el penalti picado por Sebastián ‘el Loco’ Abreu y el Balón de Oro de Diego Forlán fueron festejados tanto como si se hubiese conseguido la copa.

Uruguay finalizó cuarto, algo que no sucedía desde 1970, y volvió a tener una destacada participación en un torneo al que no acudía desde 2002 y en el que no ganaba un encuentro desde 1990.

LOS RECUERDOS DEL MEJOR

«Fue algo espectacular y mucho más de lo que pensábamos», cuenta a Efe Diego Forlán, Balón de Oro de Sudáfrica 2010, quien asegura que también quedó el «sabor amargo» de no acceder a la final.

«Sabíamos que teníamos posibilidades porque confiábamos en nuestro equipo, pero era difícil porque a un Mundial van grandes selecciones», relata.

Respecto a haber conseguido el premio al mejor futbolista, Forlán subraya que fue «espectacular», ya que este involucra «mucho más lo que es el jugador» frente a la Bota de Oro.

«Tras no haber logrado el tercer puesto, que lo queríamos tanto, haber conseguido el Balón de Oro lo sentimos como un premio colectivo», cuenta el exdelantero.

Además, resalta la «comunión» que ese equipo logró con la gente y asevera que haber motivado a personas que hicieron trabajos individuales sobre su figura es algo que le «eriza la piel».

«Poder motivar a la gente de diferentes maneras es un orgullo para mí», resume el actual entrenador del Peñarol, quien tiene en su cuerpo técnico al exportero Juan Castillo, dueño de una memorable anécdota mundialista.

UN DESMAYO Y UNA DESPEDIDA PARA EL RECUERDO

El 2 de julio de 2010 a 7.000 kilómetros de Montevideo, la Celeste se midió ante Ghana en lo que Celso Otero considera «un partido histórico».

Allí, la Celeste se impuso en unos penaltis que, según cuenta a Efe el ayudante de campo de Óscar Washington Tabárez, tuvieron «una importante carga emocional» y que lo marcaron por una de las anécdotas que recuerda, protagonizada por Castillo tras el definitivo remate de ‘el Loco’.

«Todo el mundo salió disparado al festejo y él se desmayó», recuerda el técnico, quien debió asistir al guardameta antes de celebrar con los demás.

Fuera del campo, Otero rememora que Uruguay montó su concentración en Kimberley, donde se quedó hasta que accedió a los cuartos de final, cuando la FIFA obligó a que se instalara en Johannesburgo y que le dejó otro grato recuerdo.

«A la salida, el personal del hotel se agolpó en la puerta, nos hizo un túnel de honor y nos cantó la ‘Shosholoza’, que es un cántico que utilizaban los obreros del ferrocarril para darse aliento (…) Fue un momento muy especial para nosotros, al subir al autobús nos quedó la sensación de que nos despedíamos de nuestra casa en Sudáfrica», finaliza.

Igual que Otero, Diego Godín también tiene «un montón de anécdotas» del Mundial y aunque no recuerda una en particular, también hace énfasis en el trato que recibió la Celeste.

En diálogo con Efe, el jugador del Inter de Milán subraya «el trato» recibido allí, el recibimiento de la gente y la despedida «con bailes y cantos».

Asimismo, apostilla que Sudáfrica 2010 fue «el momento más lindo» que vivió dentro de su etapa como internacional ya que este, entre otras cosas, logró que la gente volviera «a creer, a ilusionarse y a identificarse» con la Celeste.

«Después del Mundial, en Uruguay nos recibieron prácticamente como campeones. Para la gente éramos campeones, habíamos ganado, habíamos logrado encender esa llama de la pasión y del querer ver y ser hincha de la selección», concluye.

OLIVER Y BENJI A LA URUGUAYA

Parte de ese entusiasmo del que habla Godín le sucedió, por ejemplo, al animador y diseñador Pablo Praino, quien no es fanático del fútbol, pero sí la serie animada «Captain Tsubasa», también conocida como «Supercampeones» («Oliver y Benji» en España).

Según explica a Efe, en aquel Mundial se enganchó a «una selección muy carismática» y cuando Forlán recibió el Balón de Oro tuvo la idea de cumplir un viejo anhelo: desarrollar un proyecto animado junto a su amiga Laia Barboza.

Cuando descubrió una canción de Golden Vuvuzelas que homenajeaba al número 10 con la música de «Mazinger Z», decidieron armar un vídeo a ese tema haciendo los Súper Campeones uruguayos. Y poco después de subirlo a YouTube alcanzó las 600.000 visitas.

«Me desperté y se había vuelto viral», subraya el diseñador, quien agrega que fue entrevistado por diversos medios locales e internacionales y bromea que, gracias a Sudáfrica 2010, encontró sus «15 minutos de fama».

EL REENCUENTRO CON UN VIEJO AMOR

Por situaciones como esta, Alfredo Etchandy, vicepresidente de la Asociación de Historiadores e Investigadores del Fútbol Uruguayo, el primer Mundial jugado en África hizo posible un «idilio» entre la gente y la selección que se había roto años atrás.

Según resalta el periodista a Efe, los malos resultados obtenidos en anteriores torneos habían hecho que el pueblo perdiera su amor por la Celeste y se acercara más a sus clubes, algo que Sudáfrica cambió.

«Ya no va el hombre solo o el hombre con el hijo, sino que la selección tiene a la familia completa y hace que cuando juega la Celeste, aunque no se vaya al estadio, todos estén pendientes del partido y del resultado», afirma Etchandy, quien en 2010 integró una misión que viajó al Mundial para entregar al entonces presidente de la FIFA, Joseph Blatter, un documento que confirmaba la intención del país sudamericano de albergar la copa de 2030.

Allí se cumplirán 100 años del primer Mundial de fútbol que fue ganado por Uruguay, un país que en Sudáfrica 2010 rememoró viejos momentos de gloria.

(EFE)

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