Bajofondo y Peyote Asesino: el reencuentro de dos mundos que nacieron para romper las reglas

«Mentime que me gusta» reúne a dos referentes de la música rioplatense en una canción que cruza hip hop, tango y una reflexión sobre la libertad. Detrás del lanzamiento hay una historia que comenzó hace treinta años en un estudio de Villa Española.

Hay historias en el rock que nunca terminan de cerrarse. La de Bajofondo y Peyote Asesino es una de ellas. Tres décadas después de sus primeros cruces musicales, los dos proyectos vuelven a encontrarse en «Mentime que me gusta», una canción que recupera el espíritu del hip hop noventero y lo mezcla con el universo sonoro de Bajofondo.

El tema integra la edición Deluxe de Ohm, el último álbum del colectivo liderado por Gustavo Santaolalla y Juan Campodónico. Pero detrás de esta colaboración hay bastante más que un estreno discográfico.

Todo empezó en Villa Española

Corría 1996 cuando Santaolalla convocó a Peyote Asesino para producir un disco bajo su sello Surco/Universal. La banda uruguaya venía construyendo una identidad donde el rock, el rap y la provocación convivían sin pedir permiso.

Durante la preproducción de Terraja, en el estudio de la casa de Daniel Benia, en Villa Española, ocurrió algo que terminaría marcando otro capítulo de la música rioplatense.

Santaolalla y Campodónico comenzaron a experimentar con samples de tango sobre bases contemporáneas, mientras trabajaban en canciones como «Mal de la cabeza» y «De pedo y de tos».

Bajofondo todavía no existía, pero algunas de sus ideas fundamentales ya estaban tomando forma.

El pasado vuelve a sonar

La conexión nunca se cortó. Fernando Santullo continuó colaborando con Bajofondo como compositor y letrista, incluso en Ohm, donde participó en «Se fue el sol» y «Con vos», canción que también tuvo una versión con Lali.

Ahora, «Mentime que me gusta» recupera aquella complicidad musical. El hip hop de los noventa se cruza con la estética electro-tanguera de Bajofondo, mientras Santaolalla aporta su voz al estribillo.

La letra apunta hacia un territorio incómodo: el significado de la libertad, una palabra disputada por discursos políticos y sociales que muchas veces expresan ideas contradictorias.

Hay algo profundamente coherente en este reencuentro. Peyote Asesino nunca fue una banda demasiado interesada en respetar las convenciones, y Bajofondo construyó su identidad desarmando fronteras musicales.

Treinta años después, aquellos experimentos de Villa Española siguen encontrando nuevas formas de sonar.

El tango, el rap y la irreverencia todavía tienen cuentas pendientes.

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