Colonia convirtió la memoria inmigrante en un espacio premiado

En una exposición dominada por animales, maquinaria y negocios, el estand de la Intendencia de Colonia eligió hablar de barcos. No de los que hoy cruzan el Río de la Plata ni de los cargueros que entran en Nueva Palmira, sino de aquellas embarcaciones que trajeron familias, lenguas, oficios y costumbres hasta un territorio que todavía reconoce en esas llegadas una parte central de su identidad.

La propuesta “Colonia tierra de inmigrantes” obtuvo dos primeros premios en la Expo Prado 2026. Fue distinguida en la categoría destinada a las intendencias y también recibió el máximo reconocimiento por el aprovechamiento del espacio interior.

El resultado premió algo más que una decoración. El estand intentó construir una narración: entrar allí suponía abandonar por unos minutos el ritmo comercial de la exposición y acceder a la representación de un viaje. La madera, las redes, los baúles antiguos, la vestimenta de época, los mapas y los ojos de buey componían el interior de un barco imaginado. Sobre ese conjunto, un techo ondulado evocaba el movimiento del mar.

“El interior se transforma por completo para recrear el universo de los barcos que trajeron los inmigrantes al departamento”, señaló el jurado en su devolución. También destacó que la ambientación había sido trabajada “hasta en los detalles”.

La elección del barco como espacio narrativo no fue casual. Colonia se formó a partir de movimientos de población que dejaron marcas diferentes en sus localidades. Portugueses y españoles en Colonia del Sacramento, suizos en Nueva Helvecia, valdenses en la zona este y otras corrientes migratorias construyeron una geografía cultural que no puede resumirse en una sola arquitectura ni en una única tradición.

El estand llevó esa diversidad al centro de Montevideo mediante objetos capaces de condensar una historia. Un baúl puede ser utilería, pero también representa la decisión de abandonar un lugar sin saber si habrá regreso. Un mapa ordena el mundo desde la distancia. Un ojo de buey convierte el horizonte en una imagen pequeña y circular. La escenografía funcionó porque esos elementos no se limitaron a ocupar el espacio: sugerían la experiencia del desplazamiento.

El jurado valoró además la participación de actores y productos locales. Ese componente permitió que la propuesta no quedara detenida en una reconstrucción del pasado. La inmigración fue presentada como un proceso cuyos efectos permanecen en la producción, los oficios y las identidades de las comunidades del departamento.

Toda representación institucional selecciona qué mostrar y qué dejar fuera. Bajo el lema “tierra de inmigrantes”, la Intendencia escogió una imagen capaz de reunir localidades con historias particulares dentro de un relato departamental compartido. Esa síntesis tiene valor cultural y también político: propone que la diversidad de Colonia puede ser el elemento que la mantenga unida.

Los dos premios reconocen la eficacia de esa construcción. En lugar de enumerar atractivos turísticos o desplegar una sucesión de fotografías, el estand convirtió su superficie limitada en una experiencia. No explicó la inmigración solamente con palabras. La volvió madera, equipaje, vestimenta y mar.

Durante unos minutos, en medio de la Expo Prado, Colonia no fue presentada como un punto sobre el mapa. Fue mostrada como el lugar al que alguien llegó después de cruzar el agua.

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