El teléfono sonó en una casa de Colonia Valdense y del otro lado apareció una voz con una historia preparada para no dejar pensar. Era un hombre. Dijo ser abogado de la madre de una adolescente que estaba sola en el domicilio. Habló de un accidente de tránsito grave, de un niño fallecido, de una mujer detenida y de un ataque de pánico tan fuerte que, según su relato, la madre “no podía hablar”.
Nada de eso era cierto.
Pero la llamada tenía el mecanismo exacto del miedo: urgencia, autoridad y culpa. El hombre le hizo creer a la menor de edad que su madre podía terminar presa si no se pagaba una fianza. La adolescente, bajo presión, recibió instrucciones para juntar todo el dinero disponible en la casa.
La escena siguió después por videollamada. Los delincuentes no cortaron. Se quedaron ahí, del otro lado de la pantalla, guiando paso a paso a la víctima: qué buscar, qué entregar, dónde hacerlo. La casa, que hasta minutos antes era un lugar seguro, pasó a ser recorrida bajo las órdenes de desconocidos.
Según la denuncia presentada luego por la madre, el perjuicio económico fue de $200.000, 300 euros y varias joyas de oro y plata.
La maniobra fue denunciada ante las autoridades y el caso quedó bajo la órbita de la Fiscalía Letrada competente. También trabajan los departamentos de investigación correspondientes para identificar a los autores.
El hecho deja al descubierto una modalidad delictiva que no necesita forzar cerraduras ni romper ventanas. Alcanza con una llamada, una historia bien montada y una víctima tomada por sorpresa. En este caso, el objetivo fue una adolescente; el anzuelo, el miedo por su madre; el botín, los ahorros y objetos de valor de una familia.
En Valdense, la estafa no entró por la puerta. Entró por el teléfono.
