La Diócesis de Mercedes celebró la Misa Crismal entre óleos, renovación sacerdotal y un llamado a traducir la fe en obras

La Catedral Nuestra Señora de las Mercedes volvió a convertirse en punto de encuentro de la Iglesia diocesana durante el Miércoles Santo, cuando la Diócesis de Mercedes celebró la Misa Crismal, presidida por monseñor Luis Eduardo González. Hasta allí llegaron sacerdotes, diáconos, consagrados y fieles de Soriano y Colonia, en una de las celebraciones más significativas del calendario litúrgico.

La ceremonia reunió varios de los signos centrales de la vida sacramental de la Iglesia. Durante la eucaristía fue consagrado el Santo Crisma, el aceite de oliva perfumado que se utiliza en distintos sacramentos, y también fueron bendecidos el óleo de los catecúmenos y el de los enfermos, que acompañarán durante todo el año la vida pastoral de las comunidades.

Tras la homilía, los sacerdotes renovaron ante el obispo su consagración y obediencia, en un gesto que expresó la unidad de la diócesis en torno a su pastor y el valor del ministerio sacerdotal.

En su mensaje, monseñor González invitó a encarnar la fe en la vida cotidiana. Sostuvo que los cristianos son “la fragancia de Cristo” cuando traducen en obras el amor que llevan en el corazón, y señaló que esa presencia se hace visible en la caridad, el perdón, la misericordia, el servicio silencioso y el acompañamiento del dolor.

También exhortó a cuidar la vida comunitaria, a compartir la fe con generosidad y a seguir acompañando a los jóvenes con esperanza.

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